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Mujeres en Situación de Prostitución y Trata

1° Jornada de Reflexión Sobre Mujeres en Situación de Prostitución y Trata

Enviado por la Dra. Amelia del Sueldo
Coordinadora AASES Tucumán

23 al 25 de Octubre de 2008- Sede del M.U.N.T.
San Martín 1545- San Miguel de Tucumán
Auspicia Secretaría General de la Universidad Nacional de Tucumán

Con el lema de la campaña “NI UNA MUJER MAS VICTIMA DE LAS REDES DE PROSTITUCION”, comenzamos esta Jornada que contó con nutrida y variada concurrencia. Desde organizaciones feministas, partidos de izquierda, ONG, hicieron escuchar su voz de protesta ante situaciones de inequidad y abuso presentes e instauradas en nuestra sociedad desde épocas remotas y que son avaladas por un modelo paternalista y machista a la hora de tomar medidas que involucren a tod@s los interesad@s y comprometid@s en esta temática en nuestra sociedad.
Esta Campaña considera necesario y urgente levantar la voz y decir “Basta de secuestros, desapariciones y asesinatos de mujeres por las redes de prostitución”.
Se trata de un drama que golpea la vida de cientos de mujeres en todo el mundo. Según datos de la ONG Antislavery International, han desaparecido en Argentina sólo en el año 2006 cerca de 500 mujeres y niñas, ya que en nuestro país no hay cifras oficiales al respecto.
LA PROSTITUCION NO ES UN TRABAJO, ES UNA FORMA DE VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
Existen hoy dos posiciones respecto a la prostitución:
1- La que la considera un trabajo como cualquier otro y una elección libre, fruto de un contrato entre dos individuos: cliente y mujer prostituida.
2- La, que en cambio, sostiene que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres.
La prostitución se inscribe en las relaciones de opresión patriarcales que coloca a los varones del lado del dominio y a las mujeres de la sujeción.
Ninguna forma de trabajo puede separarse del cuerpo, pero en la prostitución el comprador obtiene derecho unilateral al uso sexual del cuerpo de una mujer. El cliente prostituyente, le impone su cuerpo, su sexualidad y su placer a la mujer prostituida. El placer de ella no importa. No es un intercambio sexual recíproco. Hechos que en cualquier trabajo se consideran acoso o abuso sexual: toqueteos, violaciones, insinuaciones verbales, requerimientos sexuales indeseados, en la prostitución forman parte de la naturaleza misma de la actividad.
CÓMO RECLAMARIAN LAS MUJERES PROSTITUIDAS CONTRA EL ACOSO SEXUAL, EL ABUSO O LA VIOLACION? CON QUE PARAMETROS SE MEDIRIA?
Considerarla trabajo, legitima la violencia y las desigualdades sociales y sexuales entre varones y mujeres.
En todo trabajo está comprometida la subjetividad, pero en la prostitución lo está de una manera más profunda, hay una relación inseparable entre cuerpo y subjetividad, entre cuerpo y sexualidad.
Prostituir menores de 18 años se considera un delito, entonces, puede convertirse en un trabajo y en una elección libre el día que la mujer cumple los 18?
El trabajo infantil está prohibido, pero se promueve la preparación educativa de niñas y niños para sus futuros trabajos: escuelas técnicas, comerciales, magisterio, etc.
Si la prostitución es trabajo, cómo se formaría a las niñas para el mismo? Cuáles serían los cursos de aprendizaje? Secundarios con orientación servicio sexual? Dónde y con quiénes se harían las prácticas? Con los padres, con los tíos, con los maestros?
Considerar a la prostitución trabajo favorece la trata y la legalidad de proxenetas, al convertir la explotación sexual en un negocio legal.
La prostitución es una forma de violencia contra las mujeres, de violación de los derechos de las humanas, de explotación sexual, institución fundamental en la construcción de la sexualidad basada en el dominio masculino y la sumisión femenina y en la cosificación de nuestros cuerpos. No es, por lo tanto, una expresión de la libertad sexual de las mujeres.
Esta campaña sostiene que no se debe hacer distinción entre prostitución y trata forzada y voluntaria, ni entre prostitución infantil y adulta, ni diferenciar entre personas menores y mayores de 18 años. Estas distinciones legitiman prácticas de explotación sexual, transformándolas en aceptables y permisibles.
Utilizan una falsa idea de elección y consentimiento que no reconoce los condicionamientos sociales e individuales y el complejo proceso que lleva a una mujer a ejercer la prostitución y las diversas formas, sutiles o brutales de coerción, no siempre demostrables.
Millones de mujeres y niñas son prostituidas en el mundo, ingresan a la prostitución por necesidad económica, situaciones de abandono emocional o físico, de abuso y violencia, para ayudar a sus hijos frente al abandono paterno, proporcionándoles lo que la sociedad de consumo exige, para pagar sus estudios, reclutadas por un hombre que dice quererlas, o por un dealer, o una amiga, o secuestrada por las redes de prostitución. Muchas migran de un país a otro, de una provincia a otra, o de una ciudad a otra, en busca de mejorar una situación desesperante.
Los prostíbulos pululan en todas partes, en cualquier confitería, pub o whiskería, en casitas modestas a lo largo de las rutas o en departamentos o locales de lujo. Ello a pesar de estar prohibidos por Ley Nacional y por la Convención contra la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena, suscripta y ratificada por nuestro país y vigente, que castiga la explotación de la prostitución ajena y la instalación de prostíbulos.
De vez en cuando la Justicia condena algún proxeneta, sobre todo cuando se trata de algún caso de secuestro o desaparición de persona, en algunas ocasiones, la policía, por orden de un juez, allana un prostíbulo y se lleva detenidas a las mujeres y a alguna regente de menor peso.
La respuesta por lo general es, reprimir a las víctimas, en la calle o en los burdeles. La policía utiliza el arresto, los malos tratos, la amenaza y la coima, convirtiéndose en socia del proxenetismo.
No se llega a los grandes responsables de la explotación sexual de las mujeres y niñ@s, a los jefes de las redes de prostitución o a aquellos funcionarios, legisladores, empresarios, fiscales, comisarios y jueces que participan del negocio. Cuando se formulan leyes, están dirigidas a la represión de las personas en situación de prostitución o bien a la protección velada del proxenetismo.
Tanto los proxenetas como los clientes son prostituyentes
En general está aceptado que en la violencia de la trata y tráfico de mujeres para la prostitución hay responsabilidades directas e indirectas del gobierno nacional, de los gobiernos provinciales, de los jueces, de la policía, de tantos medios de comunicación, y en primer lugar de los tratantes y proxenetas de muy diverso tipo, sin los cuales este tipo de violencia, esta industria de opresión y muerte de mujeres secuestradas y desaparecidas no se completa, no se cierra. Se necesita de los CLIENTES, que pagan, que son cómplices, que pasan sus horas divirtiéndose con mujeres secuestradas, torturadas y drogadas.
Estos clientes también pueden ser nuestros padres, hermanos, hijos, novios, maridos, amantes, amigos, compañeros, porque cuando hablamos de clientes estamos hablando de nombres concretos, de todas las clases, de cualquier condición, con algunos pesos o cientos de dólares, todos pueden ejercer este triste privilegio.
Por lo que se puede afirmar que sin clientes y sin proxenetas no hay prostitución ni trata.

Prostitución
Diferentes enfoques jurídicos: Prohibición, abolición, reglamentación
La prostitución reúne en sí explotación económica y violencia de género.
En el informe del año 2000 del Fondo de Población de Naciones Unidas, se estimaba que cada año 4 millones de mujeres y niñ@s ingresan a los prostíbulos del mundo para ser consumidos sexualmente. El 90% de los casos de trata y tráfico son de mujeres y niñas para prostituirlas. De 1990- 2000 más de 30 millones de mujeres y niñ@s fueron traficadas en el Sudeste Asiático. La globalización del mercado del sexo, unida a la pobreza expone a millones de mujeres y niñ@s excluidas al riesgo cierto de ser víctimas de tráfico y trata.
En general, los Estados establecen tres marcos jurídicos sobre los que basan sus posturas frente a la prostitución: la prohibición, la abolición o la reglamentación.
La Prohibición: implica la sanción y el castigo, tanto para quienes acepten un pago a cambio de sexo como para quienes lo demanden. Penaliza la totalidad del sistema. Lo cierto es que en el marco de esta cultura la tendencia es a penalizar a las mujeres en situación de prostitución y a absolver, en la mayoría de los casos a los clientes- prostituyentes.
La Abolición: afirma que todo tipo de prostitución es explotación del cuerpo del otr@ y la considera como un grave atentado contra la dignidad de las mujeres, ya que las que se encuentran en estado de prostitución son mayoritariamente mujeres. Esta postura ideológica, ética y política postula la desaparición de la prostitución y tuvo siempre el apoyo de gran parte del movimiento feminista. Considera que las mujeres en situación de prostitución son víctimas y no reconoce diferencia entre prostitución libre y forzada, porque son consideradas mercancías en todos los casos.
Nuestro país tiene tradición abolicionista ya que ha firmado y ratificado la CONVENCION CONTRA LA TRATA DE PERSONAS Y LA EXPLOTACION DE LA PROSTITUCION AJENA, en la que se establece que el delito del tratante se configura aunque la víctima haya dado su consentimiento.
Hay una parte de nuestra sociedad, sin embargo que se resiste a la causa abolicionista, tal vez algunos motivos sean: porque es en nuestra cultura patriarcal en donde la prostitución está asociada a la sexualidad masculina; porque permite un control moral que nos divide en buenas y malas y esto debe seguir existiendo para mantenernos disciplinadas; porque, además es un negocio sumamente redituable, que habilita múltiples negocios igualmente redituables, en un sistema en donde el lucro es un valor primordial.
La Reglamentación: acá le correspondería al Estado censar y registrar a todas las prostituidas, darles un carnet identificatorio, controlar sus ITS a fin de evitar transmisión a clientes- prostituyentes, habilitar locales a tal fin, establecer las zonas permitidas y cobrarles impuestos a todo el sector dedicado a este negocio.
Al reglamentar la prostitución, se esconde la figura de explotación sexual, sus víctimas serán ahora “trabajadoras”, los explotadores serán ahora “empresarios”, es decir, se legitima la industria de la prostitución mediante compradores siempre invisibles.
Cuando una sociedad reglamenta la prostitución, no se limita a poner normas, sino que está dando un sistema de valores con un mensaje: es legítimo el uso comercial del cuerpo de las mujeres y esto se convierte en el paradigma de la sexualidad, mientras concede a los varones la autorización moral y social para participar, sin responsabilidad ni escrúpulos, en la explotación de las mujeres ejerciendo su poder sobre ellas mediante el dinero.
El sistema prostitucional está relacionado con la pornografía, el turismo sexual, las líneas eróticas, el ciber- sexo, los sex- shops, los anuncios y publicidades, los programas televisivos que exponen a las mujeres como mercancía. Combatir la prostitución oponiéndose a su reglamentación implica también, combatir el conjunto de actividades montadas alrededor de la mercantilización del cuerpo femenino.

Definición de trata que parte de los tratados de derechos Humanos

TRATA DE PERSONAS: Consiste en contactar, reclutar, alojar, trasladar, secuestrar, hacer desaparecer, recibir, acoger, la promoción o facilitación de cualquiera de esas acciones tanto sea dentro del país como el ingreso o salida del mismo, o uno o más personas con fines de explotación, cualquiera sea la edad de las víctimas y aunque hayan prestado consentimiento. Los fines perseguidos pueden ser: la explotación de la prostitución ajena, trabajos forzados o serviles, esclavitud o prácticas análogas, servidumbre, explotación de la mendicidad ajena, matrimonio servil, extracción de órganos, producción y distribución de pornografía infantil y adulta, turismo sexual, procreación obligada para la venta de niñ@s, extracción obligada de óvulos, venta de niñ@s o cualquier otra forma de explotación.
El consentimiento de la víctima nunca se tendrá en cuenta y si el delincuente utilizó algún medio: violencia, amenaza, abuso de una situación de vulnerabilidad, etc. O si la víctima es menor de 18 años deben considerarse agravantes del delito y no constituyentes de las figuras legales o definiciones penales.

Trata: una cuestión de DDHH o seguridad de Estado?
Los debates sobre la definición de trata se basan en la aceptación o rechazo de la legalidad de la explotación de la prostitución ajena, del trabajo esclavo o de la vulnerabilidad de las personas.
Desde las definiciones que parten de los tratados de derechos humanos, este negocio es ilegal en sí mismo, por ello tales definiciones no incluyen los llamados medios: violencia, engaño, abuso de una situación de vulnerabilidad, coacción, etc. Ni diferencia entre mayores y menores de 18 años y por tanto quienes lucran con la prostitución ajena o el trabajo esclavo o cualquier otra situación de trata de personas, son siempre delincuentes.
Los bienes jurídicos a proteger son los derechos humanos de las personas.
El delito se configura aunque no se hayan usado medios y aunque la víctima haya prestado consentimiento. Se parte de principios básicos: ninguna persona puede consentir su propia explotación y las víctimas son siempre inocentes.
Para prevenir la TRATA hay que actuar sobre la demanda, las redes mafiosas y las complicidades de los Estados.
La Convención contra el Crimen Transnacional Organizado y el Protocolo de Palermo, no tienen como objetivo proteger los derechos humanos de las víctimas, sino la seguridad de los Estados y la definición que utilizan incorpora los “medios” para que se configure el delito. Esto los torna ineficaces para perseguir la trata y proteger a las víctimas, ya que pone a estas últimas o al Estado en la necesidad de probar que se usaron dichos medios, es decir, la falta de consentimiento de las mismas.

Principales Tratados de Derechos Humanos aplicables:
1- La Convención para la Represión de la Trata de Personas y Explotación de la Prostitución Ajena, de 1949.
2- La Convención sobre la Esclavitud, de 1926.
3- La Convención Complementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas, de 1956.
4- La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer- Naciones Unidas, 1979.
5- El Pacto de Derechos Sociales, Económicos y Culturales, 1966.

Los medios de comunicación frente a la prostitución y la trata de mujeres y niñ@a
Los medios de comunicación tienden a exhibir la intimidad como producto y mercantilizar la sexualidad. Los cuerpos, especialmente de las mujeres, se convierten en productos, y contribuyen a generar esta realidad que les resulta beneficiosa económicamente. La promoción de los cuerpos sexuados como mercancías, impulsa la idea de la prostitución como algo deseable, placentero y conveniente en la faz económica, lo que se opone a la experiencia de millones de mujeres en esa situación.
En medios de comunicación nos referimos a todas las formas comunicacionales: radio,
tv, periódicos, revistas, etc. Dejamos de lado las excepciones de algunos medios y periodistas que tratan de implementar una perspectiva no sexista de la comunicación.
El lugar que tenemos el los medios es el de mujer- objeto, la mujer-cuerpo-para el placer- de otros, sin contemplar la realidad cotidiana de las mujeres reales que trabajamos y luchamos, las que actuamos todos los días, las diversas, las que ejercemos nuestro derecho a otras opciones y que no aparecemos como algo deseable de ser relevado.
Nos muestran permanentemente el modelo: flaca, linda, perfecta y joven, legitimando determinados cuerpos, emancipada por la mediación del dinero, limitando la autonomía de las mujeres, heterosexuales y pasivas, imponiendo roles y algunas sexualidades sobre otras.
Con cada uno de estos ítems hacen programas que nos enseñan, nos atrapan y nos moldean.
También está en los medios la otra opción, la mujer-objeto-para el uso-del otro, la madre esposa, la que siempre se sacrifica, única responsable de sus hijos, es el deber más sagrado. Así se refuerzan los roles tradicionales y quedamos atrapadas como mujeres y por el sólo hecho de serlo.
Otro modelo impuesto es el amor-romántico, basado en la propiedad privada del varón sobre la mujer (los cuentos infantiles con el príncipe azul, las mujeres domesticadas y la eterna preocupación por la belleza) que refuerza la idea de nuestra dependencia, enaltecida ahora por el romanticismo de haber alcanzado la felicidad de pertenecer.
Fomentan una socialización y una sexualidad masculina basada en la dominación sobre nuestro cuerpo, juguete o incubadora, debemos desaparecer como personas en función del bienestar y el placer de otro.
Estos mensajes reafirmativos de estereotipos y mandatos: mujer-objeto, mujer-madre perfecta, mujer-amor romántico, nos inducen a gozar de nuestra propia opresión sintiéndola como nuestro destino ineludible-deseable y desde allí transmitirla a nuestros hij@s.
Los medios muestran la prostitución y la trata forzada como algo intolerable y sin embargo la incentivan, propagandizan, y ofrecen saunas, servicios de acompañantes, o sea mujeres en situación de prostitución. De esta manera, banalizan y difunden como ejercicio de la libertad, la explotación de la mal llamada prostitución voluntaria y trata consentida. Para ellos la prostitución forma parte de la cultura.

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