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Travestis: Una Identidad Política

Por Michelle Mostowski
Coordinadora de la Sede AASES – Córdoba

Análisis del capítulo “La sexualidad represora” Lohana Berkinso

Este articulo trata de las condiciones de vida, derechos, movilización política y demandas de las travestis en Latinoamérica y en especial en Argentina.
En el contexto de los derechos humanos la autora realiza una denuncia sobre los derechos sexuales y ciudadanos de la situación de las travestis. De acuerdo a la autora, el travestismo ha centrado la atención de la opinión pública latinoamericana a partir de la última década del siglo XX. El travestismo irrumpió en los diferentes espacios sociales de la mano de los discursos biomédicos, policiales, sociológicos, jurídicos, políticos y de medios de comunicación, los cuales funcionaron como disparadores en algunas ocasiones para discutir y en otras instancias para reforzar las dinámicas desigualadoras relacionadas con la identidad de género, la sexualidad, la raza, la clase social, la religión, la etnia, la edad, la ideología en diferentes contextos. Plantea que el travestismo latinoamericano es un fenómeno complejo y dinámico refiriéndose a sujetas atravesadas por relaciones de privilegio y opresión propias de cada sociedad y de cada momento histórico particular.
Lohana Berkins cuestiona, desde un lugar de resistencia política, las definiciones de la medicina, psicoanálisis y psiquiatría oficial (hombres que se visten como mujeres) que responden al modelo hegemónico y heteronormativo. Plantea la necesidad de resignificar el término travesti, despojarlo de todas las connotaciones peyorativas, discriminatorias vinculándolo con la lucha, la resistencia, la dignidad y la felicidad.
En palabras de la autora: “Las travestis somos personas que construimos nuestra identidad cuestionando los sentidos que otorga la cultura dominante a la genitalidad. La sociedad hace lecturas de los genitales de las personas y a estas lecturas le siguen expectativas acerca de la identidad, las habilidades, la posición social, la sexualidad y la moral de cada persona”.
De acuerdo con la postura de Lohana el travestismo irrumpe en la lógica binaria que es hegemónica en las sociedades occidentales oprimiendo a quienes se resisten a ser subsumidas y subsumidos en las categorías de varón y mujer. Explica que algunas prácticas contribuyen a desestabilizar la lógica binaria de sexo-genero, al construirse en femenino se recurre con frecuencia a valores y símbolos culturales que reproducen a la feminidad y a las mujeres concretas como subordinadas. Esta militancia pone en discusión el argumento formulado por algunos feminismos que desvalorizan al travestismo sosteniendo que reproduce estereotipos sobre las mujeres y que refuerza la feminidad tradicional. La autora considera que un análisis del travestismo necesariamente debe considerar lo que ella denomina la criminalización de la identidad travesti y la consecuencia en la vida cotidiana y en la subjetividad de las travestis.
Por una parte, la autora responsabiliza al estado como el principal violador de los derechos de las travestis. Por otro lado, apunta a la desvalorización social a través de los insultos y estereotipos que sistemáticamente remiten a las travestis a un supuesto origen biológico masculino e impugnan las posibilidades de existir en sus propios términos.
En un recorrido por la situación de las travestis en Latino América, la autora hace una diferencia clara respecto de la transgerenidad norteamericana y europea, haciendo hincapié en que las travestis viven situaciones diferentes respecto de las que atraviesan muchas transgéneros de otros países, quienes con frecuencia recurren a cirugías de reasignación de sexo con el objetivo de acomodarse en la lógica binaria como mujeres o varones. Por el contrario las travestis latinoamericanas en su mayoría reivindican la opción de ocupar una posición fuera del binarismo y es su objetivo desestabilizar las categorías varón y mujer. El termino travesti en Latino América proviene de la medicina y ha sido encarnado y reelaborado por las propias travestis para llamarse a sí mismas. Las travestis, dice la autora, se construyen y se reconocen para construirse como sujetas de derecho a partir del término travesti.
En contraste, la palabra transgeneridad se origino a partir de trabajos teóricos desarrollados en el marco de la academia norteamericana. Es decir que el proceso de apropiación del travestismo como lugar desde el cual luchar por sus demandas y derechos constituye una militancia política.
Un aspecto a resaltar es que no es posible separar la construcción de la identidad de las condiciones de existencia en las que viven las travestis en estas sociedades, condiciones signadas y marcadas por la exclusión de las travestis del sistema educativo formal y del mercado laboral. Frente a esto la prostitución es la única fuente de ingresos, la estrategia de supervivencia más extendida y por otro lado constituye un espacio de reconocimiento de la identidad travesti como posibilidad de ser en el mundo. En algunos discursos sociales aparece la prostitución como una elección de las personas travestis. Sin embargo, la exclusión del mercado laboral que afecta a travestis y transexuales impide plantear el asunto en términos de decisiones libres.
Es esta sociedad la que criminaliza la identidad travesti y esto trae aparejado la pérdida del hogar en muchas ocasiones, perdida de los vínculos familiares y marginación en la escuela. Las niñas travestis ven interrumpida su infancia y se ven obligadas a participar de un mundo de adultos y adultas y a negociar términos de su subsistencia. Es decir que frente a la necesidad de reconocerse como travestis surge el desarraigo, la pérdida de lazos vitales e importantes: abandono de sus pueblos, ciudades, provincias y a veces de sus países con el objetivo de encontrar lugares menos hostiles, es el anonimato de la gran ciudad que les permite fortalecer su subjetividad y otros vínculos sociales que las reconozcan. También en las grandes ciudades es donde las travestis encuentran posibilidades y recursos para intervenir sus cuerpos, aunque en contextos peligrosos e ilegales, poniéndolas en situación de profundo riesgo incluida la muerte como una experiencia cotidiana.
Por último, Lohana Berkins discute como el control que ejerce el Estado sobre la población travesti a través de sus dispositivos de poder y control (policía, códigos contravencionales, edictos policiales, códigos de faltas), tiene un impacto en la criminalización de la identidad travesti, restringiendo la circulación de travestis por el espacio público, impidiendo y limitando uno de los pocos recursos con los que cuentan como colectivo travesti, que es la calle. Algo grave, ya que las travestis no han tenido acceso a la educación, ni al mercado laboral, ni vivienda propia, de manera que la calle es un ámbito muy relevante en la vida cotidiana. Las travestis no pretenden imponer sus valores y perspectiva sino que exigen la libertad y las condiciones materiales para vivir plenas de derecho y ser consideradas ciudadanas con las mismas libertades en el espacio público que aquellas personas que son consideradas respetables.

Conclusiones:
Las travestis incomodan porque interpelan lo naturalizado socioculturalmente: la norma binaria, heteronorma. Las travestis subvierten la moral dominante, el orden establecido por el establishment, con su sistema único de creencias que regula lo saludable y lo enfermo, entre otras cosas. Un sistema que normaliza y patologiza según conveniencias de los dispositivos económicos y de poder.
En relación al concepto de la autora, que afirma que las travestis, se construyen y se reconocen para construirse como sujetas de derecho a partir del término travesti, podemos pensar por el contrario que las mismas no son sujetos de derecho a partir de la elección, sino que porque son sujetos de derecho tienen el “derecho” de elegir una orientación y de defender desde otros términos categorías como las de varón y mujer.
Considero que es esencial como agentes de salud y profesionales detenerse a revisar nuestra propia ideología respecto de este tema, pues estamos sin duda atravesados por esta narrativa y este discurso heterodoxo y heteronormativo que contribuye a criminalizar las identidades travestis y que sin duda condiciona nuestra mirada, nuestra posición política, compresión, intervención y posible abordaje de esta problemática. Cabe preguntarse si el rol social que ocupan y ejercen algunas travestis (prostituyéndose) en la actual sociedad no es por acaso funcional a este perverso sistema.
Coincido con la autora que sin una militancia política es imposible luchar por un reconocimiento de las travestis como sujetos de derecho.

Bibliografía :
Travestis: Una Identidad Política, Lohana Berkins, pp.43., en La Sexualidad Represora, Alfredo Grande (compilador), Editorial Topia, Buenos Aires (2008).

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