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El primer sexo

Por Michelle Mostowski
Coordinadora de la Sede AASES – Córdoba

Análisis del libro: “El primer sexo, Las capacidades innatas de las mujeres y cómo están cambiando el mundo” de Helen Fisher, Capítulo 1: Pensamiento en red, visión contextual de la mujer

Este capítulo hace referencia a como el pensamiento en red determina muchos de los comportamientos de las mujeres. A partir de un enfoque biológico– antropológico, la autora analiza algunas diferencias comportamentales entre hombres y mujeres, relacionándolas a la división de funciones entre ambos sexos en los orígenes de la historia.
Desde tiempos prehistóricos la mujer, por su función recolectora de alimentos y cuidadora de su cría, aprendió a captar y percibir todas las señales de peligro (humo, ruidos, etc.) que pudieran ser amenazas. La autora habla de que la mente femenina funciona de manera holística, es decir que integra mas detalles del mundo que la rodea que el hombre. Es decir que las mujeres tienden a pensar en redes de factores interrelacionados, no en línea recta. Y a este modo de pensar Helen Fisher le llama Pensamiento en Red.
La autora diferencia a la mente masculina, ya que estos tienden a centrarse en una sola cosa a la vez, (antepasado de cazadores, punta de flecha apuntando en una sola dirección por vez). Fisher denomina a este proceso de razonamiento masculino centrado, compartimentado y gradual, Pensamiento por Pasos o Lineal.
Es en la corteza pre frontal donde se desarrollan estos procesos. La corteza pre frontal es esencial para el pensamiento humano ya que procesa distintos tipos de información y se conecta con muchas otras regiones del cerebro y cuerpo. Hay evidencia de que la corteza pre frontal está construida de manera diferente en las mujeres y los hombres; ambos sexos organizan de modo diferente su pensamiento debido a esta arquitectura.
H. Fisher dice: “Si esta disparidad en tamaño de la corteza pre frontal influye o no en el enfoque holístico femenino y en la perspectiva más lineal del hombre, es algo que nunca sabremos, pero es concebible que esta diferencia ligada al sexo pudiera tener relación con las variaciones en los modos de pensar del hombre y la mujer”.
Otra estructura muy importante, el cuerpo calloso, también tendría una función en el pensamiento en red de la mujer. Estos son los cables de tejido que conectan los dos hemisferios cerebrales. Al menos una sección del cuerpo calloso es algo más grueso en la mujer que en el hombre. Estos cables conectores más gruesos en la mujer permiten una mejor comunicación entre los dos hemisferios cerebrales. En los hombres hay menos relación entre las dos mitades del cerebro; cada lado de opera de forma relativamente independiente. Quizás los cerebros bien conectados de las mujeres faciliten su capacidad para recoger, integrar y analizar tipos más diversos de información, un aspecto del pensamiento en red.
La facilidad de las mujeres para el pensamiento en red muy probablemente se fraguo en su ocupación primigenia. Parece que el pensamiento contextual y la habilidad asociada de realizar múltiples tareas simultáneas se formó en la historia profunda.
Los varones, debido a que las mujeres no siguen un pensamiento lineal, paso a paso, como lo hacen ellos, frecuentemente las consideran menos lógicas, menos racionales, menos concretas y hasta menos inteligentes. Para la mayoría de los hombres, el objetivo inmediato es más importante que el proceso que lleva a una decisión. En palabras de H. Fisher: Ellos están cazando: centrándose en la solución. No quieren detenerse en el camino, quieren ejecutar la tarea.
Una diferencia entre sexos es el modo de razonar. Pareciera que las mujeres utilizan ejemplos y experiencias personales, es decir datos contextuales mientras que los varones tienden a pensar y proyectar con principios abstractos.
La autora discute como estas diferencias básicas de enfoques entre ambos géneros se reflejan en numerosos aspectos tales como lo laboral, ya que por ejemplo, las mujeres consideran los problemas empresariales de forma contextual, al concentrarse en el todo de una cuestión en lugar de hacerlo en las partes. Una de las contribuciones notables de la mujer al mundo empresarial norteamericano es la introducción de una perspectiva más diversificada y menos convencional. Por el otro lado, el pensamiento lineal de los varones seguirá siendo imprescindible en el ámbito empresarial para tomar decisiones críticas y centrar soluciones.
Estas diferencias entre ambos géneros están presentes también en la visión a largo plazo, en la imaginación, en la flexibilidad mental, en la intuición.
Finalmente, analiza la influencia del pensamiento en red en diversos roles de la mujer actual, tales como el ascenso de la mujer en la población activa remunerada, el mercado laboral, independencia y autonomía económica.

Comentarios:
Si bien el enfoque de la autora no involucra una perspectiva de género, estos conceptos resultan de enorme importancia a la hora de interpretar conductas observadas frecuentemente en las relaciones vinculares entre hombres y mujeres.
Que importante sería tener presentes tanto el pensamiento en red de la mujeres como el pensamiento por pasos de los varones para el desarrollo de una buena pedagogía, tanto en educación sexual como en la clínica sexológica. De este modo las personas aprenderían a comprenderse en sus diferencias y a decodificarse más asertivamente. Evitaríamos muchas disfunciones vinculares, sexuales, etc., si los consultantes tomaran consciencia de estas características. Por ejemplo, el varón podría tornarse más receptivo, más comunicativo, ampliar su percepción y conocimiento de las señales de su cuerpo y no solo estar en función de su cazador interno. Las mujeres a comprender que los tiempos del varón son más rápidos, más lineales y que eso no obedece necesariamente a falta de amor, de cariño o de ausencia de erotismo.
La autora no toma en este trabajo la perspectiva de género y la incidencia de los estereotipos de género y de los roles adjudicados de manera rígida tanto a varones como a mujeres. Sin embargo, podemos concluir a partir de esta lectura como ciertas construcciones o estereotipos de género tienen una apoyatura biológica.

Bibliografía
El primer sexo, Las capacidades innatas de las mujeres y cómo están cambiando el mundo, Helen Fisher, Random House Inc., 1999.

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