Biblioteca OnlinePerspectiva de Género

Cómo mejorar la vida sexual y sexo genital desde una perspectiva de género?

Por Dra. Martha André y Lic. Michelle Mostowski
Coordinadoras de la Sede AASES de Córdoba

Nos proponemos tomar diferentes aportes que ayuden a pensar, comprender cómo contribuir en mejorar la vida sexual, afectiva y erótica desde la perspectiva de género. El tema es amplio y complejo, involucrando aspectos antropológicos, biológicos, neuroquímicos, políticos, jurídicos, violencia y derechos humanos, entre otros. Nos focalizaremos en tres aspectos particulares: violencia de género, derechos sexuales y estereotipos de género.

En primer lugar, creemos que deberíamos revisar y repensar el concepto de MEJORAR. ¿Qué es mejorar? ¿Mejorar desde qué lugar? MEJORAR como si hubiera un modelo ideal de sexualidad. ¿Mejorar para quiénes? Más allá del concepto de género que todos conocemos nos parece importante hacer un breve repaso histórico.

La palabra Género es la traducción literal de la palabra inglesa: Gender, la entrada de Gender en las enciclopedias de teoría feminista simplemente omite su origen o lo atribuye a una característica gramatical del inglés, una lengua en la que en contraste con las lenguas románicas, las palabras no tienen género pero ciertas palabras se entienden como masculinas o femeninas.

En realidad, la palabra género fue introducida por la psicología y sexología en EE UU, en los años 50, cuando cambió gradualmente su postura ante la transexualidad y los intersexos. Money en 1952 al acuñar el concepto de rol de género separa el sexo (el cual nos remite a las diferencias biológicas) del género (categoría del campo social), estableciéndose la arbitrariedad cultural en la relación entre ambos.

Rubin en 1975 trasciende esta noción y la conceptualiza como una construcción cultural en base a estas diferencias biológicas y desmitifica el “cuerpo marcado por el género” por el de un producto “mediado socialmente”.

Para la autora VERENA STOLKE el término género ha sido clave en la política y teoría feminista desde la década del 70 en su combate contra el sentido común sexista y androcéntrico que prevalece. En la sociedad se trataba de demostrar que la biología no es el destino, sino que las identidades socio simbólicas que se asignan a las mujeres en sus relaciones con los varones en la organización de la vida en sociedad, al ser culturales, son variables y, por lo tanto, aptas de ser transformadas. Los debates epistemológicos que provocara el concepto de género estarán vinculados a la oposición convencional entre naturaleza y cultura que las teorías feministas acabaran por trascender.

La crisis del concepto de género tiene mucho que ver con la crisis actual de las teorías sociales clásicas y, en particular, de las nociones de cultura, naturaleza y sociedad.

Las nociones de género y de cultura, hoy, son tan ubicuas como ambiguas. Se han convertido en palabras “percha”, una especie de comodines que se emplean con intenciones y significados de lo más diversos.
En los 70, las académicas feministas escogieron el término género propio de la especie humana. Las relaciones de género son fenómenos socio-culturales que estructuran la perpetuación de la vida humana en sociedad de modo tan fundamental y enigmático como, por ejemplo, los sistemas de parentesco. Una historia del concepto de género implica y refleja, por lo tanto, la concepción cambiante de la cultura en relación a la naturaleza.

Otro aspecto que consideramos es el corporal: pensemos los cuerpos como valiosos instrumentos, potentes de creación del ser humano y de múltiples posibilidades de vinculación con el otro/ otra.

El cuerpo no sólo tiene la posibilidad de transportar nuestras ideas, emociones y sensaciones sino que tiene su propio lenguaje conciente–inconsciente y reprimido; nos preguntamos porqué no mejorar y recrear la utilización de ese lenguaje corporal para contribuir en la calidad de la vida sexo afectiva, sexo erótica y genital, ya que el cuerpo es un territorio vivo, poco explorado como lenguaje. Pensemos en los varones, apurados en su meta de cazadores y condicionados a ser proveedores y o dadores de placer sostenidos por una identidad masculina construida en base a rígidos estereotipos de género, ignorando la totalidad de su cuerpo sexuado como parte de un desconocido océano erótico afectivo que podría desplegar.

Creemos que la inclusión de estos enfoques contribuirían a desarrollar una buena pedagogía para el placer, de este modo las personas aprenderían a comprenderse en sus diferencias y a decodificarse más asertivamente. Evitaríamos algunas disfunciones vinculares, sexuales, etc., si los géneros, tomaran consciencia de estas características. Por ejemplo, el varón podría tornarse más receptivo, más comunicativo, ampliar su percepción y conocimiento de las señales de su cuerpo y no sólo estar en función de su cazador interno y proveedor; las mujeres a tener un rol protagónico y a comprender que los tiempos del varón son más rápidos, más lineales y que eso no obedece necesariamente a falta de cariño o de ausencia de erotismo.

¿Y las Mujeres? Educadas en función de un útero reproductivo y dador (mujer= útero= reproducción =madre), construyen su subjetividad femenina en función de un ideal maternal desexualizado quedando atrapadas y limitadas, sometidas entre otras al Mito de la Pasividad Femenina, esperando un varón que la adivine, la decodifique y la provea de sentido.

Y si de registros corporales hablamos, pensemos desde lo biológico- anatómico y fisiológico, las diferencias en la respuesta sexual humana, en el periodo de excitación de varones y mujeres, así como en las diferentes etapas evolutivas de la vida.

Violencia de género:
Un aspecto que consideramos importante incluir dentro de la perspectiva de género para mejorar la calidad de vida sexual y sexo- genital es la Violencia en sus diferentes manifestaciones.

Una forma de violencia de género importantísima, ejercida desde el modelo medico hegemónico, deviene de la medicalización y patologización que el sistema y la cultura dominante con su dispositivo de poder, ejercen sobre las diversas sexualidades. Estas prácticas no contribuyen a la libertad de elegir y por lo tanto a la construcción de una sexualidad espontánea y placentera. Por el contrario someten y disciplinan subjetividades y cuerpos a una moral imperante (heteronormativa, reproductiva, monogámica, matrimonial y oficial) y a ciertos estereotipos que además prescribe una sociedad y cultura capitalista fundada en ciertos modos de producción y de relaciones entre los sujetos.
Por otro lado, nos preguntamos: qué destino placentero, libre humanizador y consciente puede tener una sexualidad de cuerpos disciplinados por intervenciones normalizadoras de los cuerpos intersex por ejemplo. ¿Y de los cuerpos sometidos al disciplinamiento de la estética y borramiento de marcas que hacen a la identidad?

Citando a Gabriel García de Andreis, en el libro La sexualidad Represora: “… la cultura represora ha inventado innumerables formas de romper los cuerpos, incluso con la mutilación genital. Es un permanente intento, lamentablemente eficaz, de fracturar el tránsito entre placer y cultura”.

Si existe poder, coerción, violencia visible, invisible, física, emocional, control, descalificación, amenaza, dependencia económica, etc., llevará a una inequidad de género y a una asimetría en los vínculos entre los sujetos, provocando padecimiento, disfunciones sexuales, como falta de deseo o deseo sexual hipoactivo y somatizaciones diversas, trastornos del sueño, falta de rendimiento laboral, disminución de la autoestima, depresión e ideas suicidas.

Como orientadores en sexualidad creemos que es imprescindible incorporar la perspectiva de las masculinidades hegemónicas para revisar entre otras cosas el imaginario sobre el que los varones construyen su masculinidad basada en estereotipos patriarcales de violencia porque en cierto sentido la masculinidad hegemónica no puede existir sin las masculinidades alternativas, ya que el género no sólo es un sistema de dominación de varones sobre las mujeres sino que también es un sistema en el que algunos varones dominan a otros.

Pensamos que para una pedagogía sexual humanizada que tienda a la búsqueda a la salud sexual, bienestar y placer es necesario incorporar la toma de conciencia de los derechos y violencia generando acciones y estrategias de cambio en ese sentido ya que comprenderlos no son suficientes para provocar cambios actidudinales.

Derechos humanos:
Consideramos un enfoque de los derechos sexuales que sea incluyente, con perspectiva de género y abierto a todas las personas – mujeres a quienes la desigualdad de género les niega sus derechos, personas transgénero cuya existencia misma podría estar siendo ignorada, hombres heterosexuales de quienes podría suponerse que no necesitan estos derechos pues se percibe que ya lo tienen todo y todas las orientaciones sexuales en general. Los derechos sexuales abarcan derechos humanos que ya están reconocidos en leyes nacionales, documentos internacionales sobre derechos humanos y otras declaraciones de consenso a saber: El Derecho a la Libertad Sexual, El Derecho a la Autonomía Sexual, Integridad Sexual y Seguridad del Cuerpo Sexual, El Derecho a la Privacidad Sexual, El Derecho a la Equidad Sexual, El Derecho al Placer Sexual, Derecho a la Expresión Sexual Emocional, El Derecho a la Libre Asociación Sexual, El Derecho a tomar decisiones reproductivas libres y responsables, El Derecho a la información basada en el conocimiento científico, El Derecho a la Educación Sexual comprensiva, El derecho a la atención clínica de la salud sexual, El Derecho al aborto.

Un avance fundamental en esta década en este país fue la sanción de la ley de Salud Sexual y Reproductiva 26573, destinada a la provisión gratuita de anticonceptivos garantizando el derecho a la accesibilidad, punto de vital importancia para mejorar la calidad de vida sexogenital y la salud integral pudiendo evitarse así los embarazos no deseados.

Como orientadores en sexualidad creemos que es fundamental la tarea de espacios de reflexión y trabajo interdisciplinario sobre la concientización en el ejercicio del empoderamiento de ciudadanas y ciudadanos, que permita exigir el cumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos, fundante para el logro de una sexualidad saludable y por lo tanto placentera.

Para concluir, pensamos desde la perspectiva de género, al cuerpo como un entramado de lo psíquico, lo orgánico y cultural, considerando la violencia de género, los derechos sexuales y humanos, sobre las sexualidades diversas y en las diferentes etapas evolutivas del ser humano, podríamos comenzar a trabajar planteándonos la pregunta de la cual partimos: ¿CÓMO MEJORAR LA VIDA SEXUAL Y SEXOGENITAL?

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