Biblioteca OnlineMetodología de la enseñanza de la Educación Sexual

Sexologia y sexosofia

ENFOQUES SEXOSÓFICOS Y SEXOLÓGICOS A TRAVES DE UN ANALISIS DE CONTENIDO

ARTÍCULO: “QUÉ VES CUANDO ME VES?” REVISTA VIVA, 05 DE AGOSTO DE 2007

Por: BEATRIZ BUFFA y MARCELA OMBRONI

POSTURA DE ANÁLISIS

Seguiremos la línea de análisis presentada por la Licenciada Silvia Aguirre, que marca la diferencia entre conceptos e ideas, y lo difícil que resulta “poder desprenderse de las creencias aunque uno sea muy profesional, para no perjudicar a nadie con nuestros propios valores… es muy difícil dejar de lado lo que se es aunque sea por unas horas”
Desde una perspectiva educadora, en la que concebimos la sexualidad como una construcción compleja que dura toda la vida, y que resulta de la sexualidad biológica y la sexualidad cultural (socialización sexual), toda incorporación del sujeto de los conocimientos socialmente aceptados implican un aprendizaje, lo que nos lleva a ver la construcción de la sexualidad como un proceso educativo.
Según el posicionamiento ideológico que se tenga como educador, será la forma de concebir el enseñar y el aprender, como un proceso de construcción (constructivismo), o como una sucesión de datos dados y acabados (positivismo).
Desde la perspectiva del constructivismo cada contenido del que el sujeto se apropia adquiere un significado propio ( lo resignifica de acuerdo a sus estructuras subjetivas) y lo devuelve a la sociedad resignificado, en el interjuego permanente que se produce entre sociedad y sujeto en torno a la construcción de conocimientos socialmente aceptados.
Por todo esto creemos que hay puntos en los que es muy difícil poner el límite entre lo sexológico y lo sexosófico, por más autoanálisis que hagamos, no olvidemos que la transmisión de un contenido conceptual (sexológico) va siempre acompañado de un contenido procedimental y un contenido actitudinal (sexosóficos).
Por ejemplo:
Si un docente da una clase de Educación sexual en la que habla solamente de aparatos reproductores, puede ser muy científico en su exposición, pero está reduciendo el contenido a una postura puramente biologicista, que no permite la visualización integral de la construcción de la sexualidad. En este caso una posición sexológica está encubriendo una posición sexosófica, donde se está valorizando sólo el aspecto científico del recorte del contenido.
Por esto en referencia al artículo presentado, si bien es una investigación acerca de los llamados “intersex”, dentro de las definiciones sexológicas aparecen palabras que no dejan de ser sexosóficas, justamente porque los investigadores no son neutrales y son seres humanos atravesados por aspectos sexosóficos.
Por ejemplo:
Con respecto a las distintas posibilidades de combinación genética(XXY, XYY, XXX, XO, etc), el lenguaje médico las denomina “desviaciones”, y los activistas “variantes”.
En relación a una misma situación, la connotación de éstas palabras “desviaciones” y “variantes” son completamente diferentes, porque nos están hablando de posicionamientos ideológicos, que tal vez deban comenzar a reveerse en la formación profesional, por los impactos causados en las construcciones subjetivas de los involucrados.
Rescatamos lo expresado por el cirujano Jorge Giuseppucci, que dice ”esto crea una compleja situación desde muchos puntos de vista, no nos olvidemos que éste niño deberá vivir en una sociedad como la nuestra, en la que todavía estamos discutiendo si se debe enseñar educación sexual en las escuelas”
Lo que tomamos como muy significativo de éste artículo es que desarrolla ésta temática a través de una investigación de conceptos sexológicos, y de todas las implicancias sexosóficas que traen aparejadas, y que no saca conclusiones apresuradas para presentar una “solución” mediática, sino que deja ver que cada caso es particular y así debe ser tratado.
Por lo tanto lo sexológico siempre está atravesado por lo sexosófico, lo importante es llegar a ser conciente de ello.

REFERENCIAS

Verde: ideas sexosóficas

Amarillo: conceptos sexológicos

Gris: comentarios del artículo donde, desde nuestra perspectiva, las ideas y conceptos se atraviesan mutuamente.

¿Que ves cuando me ves?

Investigación Las personas ‘intersex’ -cuyos cuerpos no responden a Los proto¬tipos masculino y femenino- presentan un desafío, ¿Se debe corregir su sexo al nacer? ¿O dejar que elijan -o no- en La madurez? Historias para Leer sin prejuicios, ¿Qué ves?

Texto Fabiana Fondevila (ffondevila@clarin.com) fotos Ariel Grinberg y Alejandra López

A Mauro Cabral, a veces no lo saludan. No es que caiga mal, ni que intimi¬de, ni que le falten temas de conversa¬ción (debe haber pocas personas en el planeta que ametrallen lucideces en tan hipnótica sucesión). La razón por la que a veces no lo saludan es más simple -y más compleja-: no logran descifrar qué es. Hombre o mujer: dos categorías y, al decir de Mauro, dos lenguajes que casi todo el mundo habla sin darse cuenta. Entonces, cuando aparece alguien como él, una persona intersex, la gente a veces calla por falta de un idioma en común. “No saben si darme un beso o la mano”, simplifi¬ca. Pero enseguida da vuelta el malentendido como un guante: “Cuando el género como lenguaje se vuelve poco claro, se produce un ruido en la comunicación, como si se estuviera escuchando un dialecto extranjero.” Siguiendo con la ana¬logía, una persona intersex habla “la masculinidad y la femineidad como si fueran segundas lenguas”. ¿Y la propia? “No existe, es inarti¬culable”, responde Mauro, sin dejo de conmiseración.

Se hace imprescindible men¬cionar ahora que, como activista in¬tersex, a Mauro no le gusta hacer hincapié en su historia. No quiere ser visto como un caso ni estudiado bajo un microscopio. Para eso, le basta con los primeros veinte años de su vida. Pero no es posible pre¬sentar sus argumentos al lector disociados de esa historia, y él lo sa¬be. Mauro nació con un cuerpo que parecía el de una niña, y así fue ano¬tado y criado. En la historia de Mauro -licenciado en Historia, doc¬torando en Filosofía, cordobés, 35 años-, no hubo operaciones correc¬tivas en la infancia (al menos, eso piensa sin poder asegurarlo). Su status de diferente se hizo notar en la pubertad, cuando empezó a pre¬sentarse a sus compañeros como “un chico” de apariencia andrógi¬na e ideas contestatarias. La Docta estará entre las más sofisticadas de las capitales provinciales, pero Mauro (nombre que adoptó de adul¬to) no debe haber sido una compa¬ñera fácil.

. Y si no sé eso, no voy a cortar su cuerpo, porque lo único que sé es que donde A los 14 años le informaron que había nacido sin vagina ni útero, y le prometieron transformarlo en una “mujer de verdad”. Bajo una fortísima coacción médica y familiar, a los 16 años se le practicó una vaginoplastia (cirugía para dotarlo de una vagina funcional). Esto signi¬ficó años de tormentos -la cirugía hizo necesaria otra después, y lue¬go seis años de dilataciones (del es¬pacio abierto quirúrgicamente) ba¬jo anestesia general-, que aún hoy él vive como una larga violación. “El cuerpo tiene una materialidad resistente, no se queda donde lo po¬nen, se descose cuando lo cosen. Esa es la lucha de los médicos”, dice Mauro, pero aclara con una madu¬rez nacida a golpes que no culpa a los médicos. “Viven en la misma cul¬tura que yo, donde hay crueldades que parecen aceptables. Por eso en¬tiendo sus decisiones, aunque me parezcan equivocadas. Pensar crí¬ticamente la intersexualidad im¬plica admitir que no se sabe: no se sabe qué es lo que va a hacer feliz al otro, qué es lo que convierte en mujer a una mujer. Y si no sé eso, no voy a cortar su cuerpo, porque lo único que se es que conde uno cor¬ta, la persona deja de sentir.”

UN MUNDO DE POSIBILIDADES

En el colegio todo el mundo apren¬dió la ciencia exacta de los cariotipos (la dotación cromosómica de cada individuo): las personas con cromosomas sexuales XX eran mujeres; los X¥¡ varones. Nadie hubiera imaginado entonces que el menú de opciones incluía también indivi¬duos XXY, XYY, XXX, XO y has¬ta variantes de mujeres XY (Síndrome de Swyer, 1 caso en 25.000) y varones XX (Síndrome La Chapelle, 1 en 30.000). Ni tampoco sabíamos que el cariotipo es sólo una parte, y que, en el desarrollo de un embrión, toda una cascada de genes .deben ir encendiéndose y apagándose en un tiempo y una for¬ma precisas para que ese cariotipo dé lugar a un individuo de sexo ine¬quívocamente masculino o femeni¬no. El versito del colegio sigue sien¬do cierto: el 99 por ciento de los hombres son XY y de las mujeres, XX. Pero cualquier neonatólogo sa¬be que debe estar preparado para contemplar una infinidad de esce¬narios más.

Las variantes más conocidas son: 1. La hiperplasia (tamaño au¬mentado) suprarrenal congénita, una condición que se da con una fre¬cuencia de 1 en 15.000 -aunque se estima que está subdiagnosticada, en la cual, a causa de una deficien¬cia enzimática en el proceso de di¬ferenciación sexual del embrión, un bebé de cariotipo femenino (XX) nace con los genitales externos vi¬rilizados (el clítoris puede parecer un pene y los labios vaginales estar fusionados), y en caso de no medi¬carse con cortiroides, esta virilización se profundiza en la pubertad (generando infertilidad). En los ca¬sos más graves hay riesgo de vida si no se medica. También se da en va¬rones, sin ambigüedad genital. 2.

La insensibilidad a los andrógenos (se da en cariotipo XY, por una in¬hibición en el receptor de testosterona). 3. El síndrome de Klinefelter (varones XXY, que tienen una me¬nor carga de hormonas masculinas). 4. El déficit de 5 alfa reductasa, una anomalía que se da con frecuencia en la República Dominicana, por la cual chicos de cariotipo masculino (XY) nacen con una virilización incompleta (el falo es pequeño y pue¬de confundirse con un clítoris) y re¬cién se virilizan en la pubertad, por lo cual en ese país está permitido el cambio legal de sexo sin cirugías y no está mal visto que una niña ado¬lescente se convierta en varón.

Algunas de estas desviaciones, de usar el lenguaje médico, o va¬riantes, de usar el del activismo, pueden detectarse durante el em¬barazo, y otras no. Algunas produ¬cen genitales ambiguos, y otras só¬lo inciden en la capacidad repro¬ductiva o en los caracteres sexuales secundarios. En total, según cifras del Estudio Colaborativo Latinoa¬mericano de Malformaciones Congénitas, en la región nacen 1,9 be¬bés con ambigüedad genital por ca¬da mil (en EE.UU., se estima en 54.000 en toda la población). Y el peregrinaje de todos ellos comien¬za con las mismas dos palabras, pro¬nunciadas por parientes curiosos, padres ansiosos y médicos angus¬tiados: ¿Qué es?

EL LEGADO DE JOHN-JOAN

El caso testigo de las operaciones de reasignación de sexo fue el de John-Joan, ocurrido en EE.UU. en 1967, y fue un rotundo fracaso. John (así se divulgó el caso) no era un chi¬co intersex: era un varón biológico, con un hermanito gemelo, que per¬dió su pene por un accidente al ser circuncidado. A sus padres no les dieron esperanza de poder devol¬verle al niño su integridad física.

Por eso, cuando se enteraron de que un médico llamado John Money ha¬cía alarde en programas de televi¬sión de una nueva técnica para re¬asignar quirúrgicamente el género, tomaron la dramática decisión de llevarle al pequeño John.

(No coincidimos con ésta definición, porque lo que se puede reasignar quirúrgicamente es el sexo anatómico. El género es una construcción subjetiva) ,

Se le practicó la cirugía y se instruyó a los padres que lo vistieran de mujer, le cambiaran el nombre y borraran de su cabeza cualquier re¬cuerdo de su identidad masculina.

Siguieron las instrucciones al pie de la letra, pero el pequeño se negó a cooperar. Aunque esto sólo se di¬fundió muchos años más tarde, el experimento falló: John nunca flaqueó en su identidad masculina.

Este fracaso apagó la esperanza des¬pertada por el primer informe del caso de que el género fuera deter¬minado al fin por la crianza y no por los genes o la biología, y por lo tan¬to pudiera decidirse a voluntad.
A pesar de esto, el protocolo creado por Money -que propone elegir el sexo según las perspectivas de fun¬cionamiento erótico a futuro- se si¬gue aplicando en casos de ambigüedad genital en recién nacidos hasta el día de hoy. A veces con éxi¬to; a veces, otra vez, con dolorosos fracasos. Y dado que sigue siendo mucho más fácil la cirugía para transformar los genitales en feme¬ninos, ésta es la opción quirúrgica más frecuente.
El cirujano Jorge Giuseppucci, de la División Pediatría del Hospital Durand, señala que en los últimos años se han presentado casos en los que se decidió postergar la inter¬vención hasta que el niño tuviera edad suficiente para decidir su gé¬nero por sí mismo. Pero advierte que “esto crea una compleja situación desde muchos puntos de vista; no nos olvidemos que este niño debe¬rá vivir en una sociedad como la nuestra, en la que todavía estamos discutiendo si se debe enseñar edu¬cación sexual en las escuelas”.

El cirujano también admite que “todos los equipos que tratan estos pacientes han visto casos en los que el rol sexual final del paciente no es el esperado. Pero también vemos casos de adolescentes que se es¬fuerzan denodadamente por cum¬plir su rol de género con genitales que no se corresponden con los es¬tándares aceptados. Las experien¬cias poco satisfactorias del pasado hacen que la tendencia hoy sea la de la reconstrucción de los genita¬les y no la reasignación del sexo, y que los genitales pequeños sean pri¬mero tratados por el endocrinólogo, luego por el sexólogo y sólo co¬mo último recurso por el cirujano”.

(Éste es uno de los ejemplos en los que lo sexosófico y lo sexológico se atraviesan mutuamente, porque a consecuencia de fracasos en estudios supuestamente sexológicos, se provocaron resultados negativos al nivel de las ideas. Esto conlleva la revisión de conceptos a nivel sexológico, por lo tanto la construcción de conocimiento es dialéctica)

COSTOSA DECISIÓN

El curso de acción que describe el cirujano es el consensuado. Pero Liliana Alba, jefa del Departamento de Genética Clínica del Centro Nacional de Genética Médica, se¬ñala otro tipo de urgencias. “Cuando aparece un recién nacido con genitalidad ambigua, es como una pa¬pa que quema, algo que desestabi¬liza a todo el equipo médico. No sé si es por las cuestiones que despierta en cada uno, o por no poder decir¬le a los padres ‘es nena’ o ‘es varón’, pero todo el mundo empieza a co¬rrer desesperado para definirlo cuanto antes. Yo a veces le digo al neonatólogo: ‘Tomémosnos nuestro tiempo, la ley otorga seis meses pa¬ra anotar a un chico con ambigüe¬dad genital’, pero todos quieren que el chico se vaya de alta con el sexo asignado.” La médica misma se in¬terroga: “Sería ideal dejar que ca¬da chico decida con el tiempo, pe¬ro también es cierto que cuando va¬ya al colegio va a tener que ir al baño de nenes o de nenas.” El activismo intersex concuerda en este punto, y plantea que se asigne un sexo de crianza pero sin dar pasos que vuel¬van esa decisión irreversible.

(Lo cultural –sexosófico- es tan fuerte, que hasta en los ámbitos profesionales de las ciencias –sexológicos- es difícil desprenderse de las ideologías, donde siempre termina primando la construcción cultural por sobre lo científico y legal)

¿Cuan determinante puede ser el sexo de crianza?

Valga con contar el caso de un hombre de 54 años que hace poco se acercó al servicio de sa¬lud de un hospital público por un problema médico no vinculado a su sexualidad.

Los médicos que lo exa¬minaron diagnosticaron para sí una hiperplasia suprarrenal congénita nunca detectada, pero optaron por no revelarle al paciente su probable cariotipo femenino. Con ayuda de una prótesis testicular y alguna me¬dicación, el hombre había llevado una vida feliz -aunque infértil- vida de casado y jamás se había sentido otra cosa que lo que le dijeron que era. Cual contraejemplo del caso John-Joan, demuestra que en las historias de los seres humanos, no hay de¬senlaces previsibles.

ENTRE LAS OREJAS

Una de las primeros obstáculos con los que tropieza el lego al sumergir¬se en el complejo mundo de los in¬tersex es el de confundir sexo con gé¬nero. “El sexo está entre las piernas; el género, entre las orejas”, ilustra Betina. Y no está citando a ningún erudito. Betina, de 30 años, no quie¬re dar su nombre porque dice que sus años de activismo en su Colombia natal le costaron demasiado caro. Allí colaboró con una ley pionera en el mundo que permite a una perso¬na cambiarse el nombre a otro del sexo opuesto -ante un escribano-, cualquiera sea su anatomía.

Pero esto a ella no le bastó. Nació con insensibilidad parcial a los andrógenos, un chico eterno sin vello ni musculatura, con facciones delicadas y una sensación irreduc¬tible de ser mujer. Su mamá quería una nena y no hizo preguntas, su papá prefería un varón pero estaba dispuesto a aceptar lo que ella de¬cidiera. Su disforia (sensación de discordancia entre el sexo y el gé¬nero) era tan profunda que, aunque de adolescente llegó a embarazar a una chica para complacer a su fa¬milia, al poco tiempo se operó para vivir como mujer. “Contemplé la idea de respetar mi naturaleza y no operarme, pero lo hice. Yo quiero estar con hombres como mujer, no como homosexual. Hoy, a pesar de ser XY (. me considero una mujer heterosexual.” Sin embargo, no lo¬gró dejar a su pasado en su pueblo natal. “Si formo una pareja, y le confieso que tuve un hijo siendo va¬rón, sé que no lo va a tolerar. Pero no puedo ni quiero desconocer a mi hijo. Es una situación imposible.”

La historia de Sol Donato (31) podría ser un aliciente. Sol nació Juan Donato. XXY. En su acomo¬dado entorno de Bahía Blanca, al principio no notaron nada extraño. Pero pronto el niño comenzó a mos¬trar una marcada femineidad, que el padre (fallecido), un hombre re¬ligioso vinculado con el Opus Dei, quiso corregir enrrolando al chico en cuanto club deportivo encontró en la ciudad. Rugby, fútbol, básquet, destreza, así se repartían los días del lánguido muchachito de pe¬lo lacio y cara de gato egip¬cio, que lo único que que¬ría era “correr como una gacela detrás del palo de hockey” como sus hermanas. Ya en Bue¬nos Aires, se dejó cre¬cer el pelo y adoptó un look andrógino que le ganó miradas licen¬ciosas de hombres y mujeres de todas las orientaciones. Pero sus propios ojos se posaron en un hombre y de ahí no se movieron. Rodrigo Aráoz Reyes (3 7) es un abogado de un círculo más que selecto que hasta co¬nocerla a Sol no había oído hablar de intersexuales ni mucho menos del Síndrome Klinefelter. Que es el nombre específico de la condición con la que nació Sol. Pero se ena¬moró sin titubeos y. aun con la ai¬rada desaprobación de sus íntimos, no perdió tiempo en cuestionamientos.

Sol posee un cariotipo mascu¬lino, con la misma cantidad de estrógenos (hormona femenina) que otros hombres, pero menor canti¬dad de andrógenos. Por un breve período se inyectó andrógenos pa¬ra intentar aplacar la incomodidad familiar, pero sólo consiguió llenarse de pelo y de furia. Abrazó al fin su femineidad y aprovechó el programa de televisión Transformaciones para comenzar a cincelarse el cuer¬po de sus sueños. Hoy aguarda la operación de cambio de sexo para casarse con Rodrigo y, en un futu¬ro posible, buscar un hijo a través de un vientre sustituto.

Glosario de un mundo complejo

Transexuales

Se identifican con el sexo opuesto al que fueron asignados. Suelen transformar su cuerpo por vía quirúrgica para adecuarlo a su identidad de género,

Travestís
Hombres que eligen una forma de la femineidad llamada travestismo* y pueden modificar o no su cuerpo con cirugías u hormonas.

Intersex
Niños cuyo sexo no es claramente identificable al nacer. En forma amplia, personas cuyo cuerpo difiere del prototipo femenino o masculino en sus cromosomas, sus gónadas o la forma de sus genitales.

• Definición cuestionada por los travestís, que no se consideran hombres.

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

Hermafrodito era el hijo de los dio¬ses griegos Kermes y Afrodita, un bello joven que al ser abrazado por una ninfa enamorada en una lagu¬na, se convirtió en un ser con am¬bos sexos, o con ninguno. Si bien los hermafroditas del imaginario popular -con ambos genitales de¬sarrollados a pleno- son tan míti¬cos como este relato, los hermafro¬ditas genéticos (que poseen tejido testicular y oválico) sí existen y, en algunos casos, celebran su con¬dición. Del LaGrace Volcano es un fotógrafo estadou¬nidense que vive en Suecia e intenta de¬mostrar a través de su arte y charlas didác¬ticas, que la intersexualidad es una va¬riación y no una en¬fermedad, ya que existe también en el reino animal y se dio en todas las épocas de la historia humana. Su for¬ma de hermafroditismo es extremadamente rara, ya que de algún modo divide vertical mente su cuerpo en dos sexos. Es una forma tan rara que sólo la vio reproducida en una estatuilla de un buda, que tiene en su cuarto. “De joven luché contra mi cuerpo. Hoy me considero una persona intergénero, como lo es mi pareja, y estoy en paz tanto con mi femineidad co¬mo con mi masculinidad.” ¿Cómo se define? “Como un terrorista del género”. Lo dice con ironía, como sólo puede decirlo quien ha en¬frentado la vida, y a los otros, con un cuerpo tan diferente que resul¬ta indescifrable. Por un tiempo has¬ta portó barba y mamas a la vez, pe¬ro al tiempo se sacó la barba por¬que el rechazo social era agotador, y porque sufrió ataques violentos. “En mi experiencia, la mera idea de que pueda existir una persona que no sea de un género o del otro resulta aterradora para la mayor parte de la gente”, dispara Del.

Por supuesto, su postura no es mayoritaria entre las personas intersex, por eso hay tan pocos acti¬vistas en el mundo. De hecho, los consultorios médicos han visto mu¬chos más casos de jóvenes y adul¬tos que sufren cada centímetro de sus diferencias.

Y hasta la ley, explica la abo¬gada e investigadora Paula Viturro sólo acepta las cirugías de cambio de sexo cuando el relato de quien las reclama se basa en el sufri¬miento, no en el deseo. ¿Qué se ha¬ce con ese sufrimiento, se lo acom¬paña o se lo desafía?

Dice Mauro Cabral: “Me han preguntado por qué no formo un grupo de apoyo para gente como yo. y yo digo que no me llevo bien con el consuelo. Me duele que alguien abrace un diagnóstico médico co¬mo una identidad, lo único que pue¬do decirle a esa persona es que hay otra vida posible, que hay deseo y hay pasión con nuestro cuerpo, co¬mo con cualquier cuerpo.” De que¬rer persistir con la anatomía, la cer¬teza de Mauro no se podrá ubicar entre las piernas ni entre las orejas, sino en algún lugar más profundo, en las cercanías del pecho.

Qué se hace ante la duda

Según el jefe de la Unidad de Endocrinología del Hospital Álvarez, Dr. Hugo Fideleff, el diagnóstico debe involucrar a endocrinólogos, pediatras, genetistas, psicólogos, cirujanos, urólogos, ginecólogos. “Lo primero es el examen clínico, luego se determina el sexo genético con el cariotipo, y se hace un estudio hormonal. Si es necesario se piden estudios por imágenes para evaluar las vías internas. Y siempre se involucra a la familia en una discusión profunda. En los casos complejos, se consulta al comité de bioética de la institución antes de tomar una decisión.

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