Biblioteca OnlineMetodología de la enseñanza de la Educación Sexual

Las nuevas tecnologías y…¿las nuevas relaciones?

Por: PROF. ABREGÚ ROSANA MYRIAM y LIC. PREGO LETICIA VERÓNICA
Egresadas del Curso de Formación en Sexualidad Humana de AASES

Nuevas tecnologías y…¿las nuevas relaciones?

Cómo el uso de las nuevas tecnologías influye en la manera de vincularnos con otras personas…y qué actitud desarrolla el educador en sexualidad frente a esta realidad.

“Las interacciones en el ciberespacio suelen replicar las actitudes cotidianas de la gente, pero ciertas conductas características pueden verse aumentadas o subyugadas dentro de este espacio por los medios, procesos y métodos de comunicación empleados para las interacciones virtuales. A veces las personas actúan en forma diferente en el ciberespacio que en el mundo físico. Hacen y dicen cosas en línea que no harían ni dirían en otro lado. Esto se aplica a las comunicaciones tanto entre personas que se conocen como entre extraños. Los cambios en la conducta en línea pueden, por lo tanto, llevar a conductas diferentes e inusuales también en el mundo físico”. (1)
(1) EPCAT Internacional: “La violencia contra los niños en el ciberespacio”. 2005.

A partir del texto que antecede podemos observar claramente, cómo los lazos o vínculos entre las personas, y la manera de establecerlos, han ido cambiando a lo largo de los años.

Nos encontramos hoy inmersos en una cultura tecnológica, donde los jóvenes de este principio de siglo, constituyen la “tecnocultura”, que les brinda las herramientas apropiadas para enmarcar el espacio propio adolescente, diferente del de los adultos, quienes se convierten en “migrantes digitales” (2), que conocen las tecnologías menos que aquellos.
(2) Migrantes digitales: se refiere a los adultos que no hemos nacido con las tecnologías, pero que hemos comenzado a utilizarlas; en contraposición de los nativos digitales que son quienes desde su nacimiento tienen acceso a las tecnologías y por tanto los consideran elementos de la vida cotidiana.

La adolescencia siempre tuvo como característica la necesidad de establecer un espacio propio, diferente del de los adultos, sea a través de determinados hábitos o vocabulario al que a los adultos no puedan acceder, o al menos lo hagan con cierto esfuerzo. Esto sucedió en todas las épocas. A principios del siglo XXI, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), se constituyen en el medio ideal para establecer esta distancia, ya que son los niños, niñas y adolescentes los que nacen inmersos en ellas, los “nativos digitales” (ver cita anterior), y por primera vez estamos frente a una cultura “prefigurativa”, en la que son los jóvenes quienes enseñan a sus padres, tal como dice Margaret Mead. Ellos se mueven en un mundo virtual con reglas propias, y usando herramientas para interactuar de manera diferente a la que lo hacemos los adultos.

Las TIC responden a una nueva cultura donde se pondera y exacerba la imagen por sobre todo, y es en esta interacción donde pueden aparecer situaciones y maneras de vincularse nuevas, como por ejemplo el anonimato, la delgada línea divisoria entre lo público y lo privado, la sobreexposición, la agresión, etc. que en ocasiones pueden tornarse desagradables, y que comienzan en la vida virtual, pero que pueden trasladarse a la vida real y tener consecuencias reales.

Las maneras de vincularnos a partir de las facilidades que nos permiten las tecnologías, sin dudas imprimen cambios en las formas tradicionales de construir nuestros vínculos donde el contacto físico, la charla de café, la mirada, las caricias, el abrazo, el coito mismo, comienzan a ocupar un rol secundario. Se observa una tendencia a convertir a las relaciones en “conexiones”, con la falta de compromiso ético, de cuidado del otro… Existe la posibilidad de mentir sobre uno mismo y de recibir mentiras de otros. Como consecuencia hay una creciente sensación de soledad.

Este pensamiento nuevo, más tecnológico, también pone en juego una nueva manera de vivir la sexualidad, donde muchas veces los deseos y fantasías sexuales se materializan de manera virtual. Tenemos el caso de adolescentes (sobre todo chicas) que se fotografían en poses eróticas o semidesnudas y luego suben (postean) esas fotos a la red que a partir de ese momento se convierten en públicas; parejas que se filman en momentos de intimidad sexual y luego los hacen públicos; pero también adultos, padres y madres de familia que tienen cibersexo con otras personas (¿se considerarían infieles? Algo para pensar también, no?) O que suelen visitar y consumir sitios de sexo virtual…El anonimato generado a partir de estar detrás de una pantalla puede facilitar la expresión de una homosexualidad tal vez reprimida en la vida real. También tenemos el caso de los abusadores que siempre existieron, pero que ahora ven favorecida su “labor” con las nuevas tecnologías, temática más que interesante, pero que excede el marco de este trabajo. Es común la baja conciencia respecto de la potencial “mala fe” de lo que “otros” puedan hacer con lo que se publica on line.

¿Qué rol nos toca ocupar a los educadores sexuales frente a esta realidad? También tenemos que aprender una nueva manera de educar en sexualidad frente a lo nuevo, el espacio natural en que se mueven los adolescentes, al que nos cuesta entrar a muchos adultos. ¿Cómo realizar una educación sexual amplia, holística, sin tener en cuenta las nuevas maneras de vincularse?

Es indispensable conocer los códigos que manejan los adolescentes para poder lograr una empatía tal que permita el libre fluir de la comunicación en la sesión de capacitación, no con el fin de “sentirse un adolescente más”, ya que no es aquello lo que ellos esperan del adulto (sobre todo en un contexto posmoderno donde se generaliza la “adolentización” de sociedad en general), sino para generar la confianza tal que les permita expresarse con libertad sobre sus deseos, inquietudes, dudas y saberes. Hacerlos partícipes activos del proceso de capacitación y no meros receptores de algo impuesto desde afuera.
¿Nos planteamos trabajar con los adolescentes para intentar reducir los problemas que nos generan a los adultos, como los embarazos precoces, enfermedades sexualmente transmisibles, y otras conductas irresponsables; o pretendemos educar desde la promoción de la salud, desde una mejor calidad de vida, desde la posibilidad de vincularse con la sexualidad a través del placer, del amor, del respeto y el cuidado por uno y por el otro? Sólo intentando desarrollar la segunda opción estaremos transitando caminos que nos lleven hacia lugares diferentes, dejaremos de hablar de sexualidad en el vacío, y estaremos en cambio integrando el entorno, la realidad social y cultural en la que se mueven los adolescentes y desde ahí compartiendo este proceso de aprendizaje.

Ayudarlos a sentirse sujetos activos del proceso de aprendizaje, conocedores de sus derechos y agentes de cambio, desterrando de esta manera la actitud que el adulto ha acostumbrado ejercer a lo largo del tiempo, imponiendo un saber para ser aprendido pasivamente, donde no había demasiado lugar para demostrar la realidad del adolescente, y donde la distancia entre educador-educando era tal que no se generaba el espacio que promoviera una actitud de cambio, “Educar es cambiar de actitud, no sólo informar”. Adoptar una metodología participativa en la educación para la sexualidad, basada en el empleo de los elementos cotidianos que rodean a los adolescentes, es probable que motive lo siguiente:

• Tomar una opción libre y responsable con respecto a la sexualidad que no cause culpa, duda ni insatisfacción, sino que, por el contrario, humanice, libere y se manifieste plenamente y en el gozo.
• Trascender prejuicios, mitos y tabúes.
• Percibir, objetivar, analizar y recrear permanentemente su comportamiento y su actitud frente a su propia sexualidad y frente a la de los demás.

Partir del estudio de la realidad, no sólo problematiza al joven y adulto, sino también nos conduce a una transformación de la misma. (3)
(3) Barth Vargas, Lía: “El lenguaje total como metodología participativa”. Adaptación a la educación para la sexualidad.

“Educar para el cambio significa dotar de la necesaria apertura para ver e interpretar lo diferente, la aptitud para percibir lo valioso en el medio de aquello que lo puede oscurecer, la indispensable abnegación para abandonar los recursos que han perdido validez”. (4)
(4) CIPE (Centro de Investigación y Promoción de la Salud): Animación de Proyectos, Tomo I, II, III. Ed. Bonum. Bs. As. 1996.

Como consecuencia, se podrán: potenciar las actitudes positivas que desarrollan a partir del uso de las nuevas tecnologías; promover el cambio de aquellas actitudes que les impidan discernir entre lo público y lo privado; privilegiar el derecho a la identidad ante el anonimato; elegir vínculos saludables frente a los que pueden ponerlos en riesgo.

En el tema de la sexualidad este tipo de educación y actitud es fundamental para poder instalar sólidos programas de educación sexual y de prevención. Poder encontrar algo valioso, positivo a la nueva manera de vincularse que nos presenta este siglo XXI nos permitirá plantear una capacitación desde el escenario mismo en el que los jóvenes establecen sus relaciones, desde el análisis de la manera en que ellos se vinculan en este medio.

Retomando lo que motiva este trabajo, que tiene que ver con las nuevas maneras de vincularse que se generan a partir de las nuevas tecnologías y tomando palabras de Paula Sibilia hoy día “se habla, pero son monólogos” (5)
(5) Sibilia, Paula: “Antes lo íntimo era secreto, ahora se lo hace público en Internet””. Clarín – Argentina. 21/9/2008.

Estamos en permanente “comunicación”, por SMS, chat, teléfono de línea, celular, etc. etc. pero esa “comunicación” más que compuesta por palabras, nos “hace ruido”, ¿Estamos realmente comunicados con el otro? ¿Hasta dónde llegamos a conocer a la persona con la que interactuamos, hasta dónde nos dejamos conocer? ¿Conocer al otro y hacernos conocer implica “husmear” su intimidad a través de una cámara web? Hoy día la intimidad se cultiva en tanto sea visible, porque si no es visible tal vez no exista. “Nuestra lógica es la de la lógica del espectáculo: sólo existe lo que se ve. No solamente hay gente que quiere mostrarse, sino que hay gente que quiere verlo”. (5 ver cita anterior). Programas como los reality shows, en especial “Big Brother” no hubieran tenido éxito de no ser por una cultura de estas características.

Ante la nueva manera de vincularnos que se genera con las nuevas tecnologías, sería bueno que aprendamos a relacionarnos con los otros partiendo de “lo dado”, pero yendo más allá de lo puramente superficial que nos ofrece la imagen; repensando, rediseñando las formas en que nos hemos acostumbrado a vincularnos con los demás. Y aprendiendo a preservar las relaciones que fueron construidas en un contexto en que las TIC no existían, ya que si no somos cuidadosos en el uso de las mismas, éstas pueden des-vincularnos de aquellas personas importantes para nosotros y nosotras.

BIBLIOGRAFÍA

• AASES: “Sexualidad humana para la educación de jóvenes y adultos”. Módulos II y III.
• Balardini, Sergio: “De generaciones y tecnologías”.
• Barth Vargas, Lía: “El lenguaje total como metodología participativa”. Adaptación a la educación para la sexualidad.
• CIPE (Centro de Investigación y Promoción de la Salud): Animación de Proyectos. Tomo I, II, III. Ed. Bonum. Bs. As. 1996.
• EPCAT Internacional: “La violencia contra los niños en el ciberespacio”. 2005.
• Klein, Inda: “Las nuevas tecnologías y las niñas, niños y adolescentes”.
• Sibilia, Paula: “Antes lo íntimo era secreto, ahora se lo hace público en Internet””. Clarín – Argentina. 21/9/2008.
• UBA- Facultad de Medicina Virtual: Curso de Posgrado “Educador en sexualidad y educación sexual”. Módulo III.

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