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Formacion en sexualidad humana

“Porque quiero ser educadora u orientadora en sexualidad humana”

Por: Graciela Aguirre
Adela Alvarado
Gabriela Díaz
Mariela Díaz

Participantes del Curso a distancia de
Formación de Orientador en Sexualidad Humana de AASES

Educar en sexualidad es una necesidad que en nuestra sociedad se hace cada vez mas importante, no solo por el tema sida, enfermedad actualmente tan extendida en el mundo sino porque la expresión humana así lo reclama. Entre las problemáticas que observamos diariamente en todos los niveles o ámbitos de la sociedad y más evidente entre los jóvenes, nos encontramos con diversos tipos de adicciones, múltiples expresiones de tipo sexual (homosexualismo, lesbianismo etc.) embarazos no deseados, madres adolescentes, etc.
El sexo en sí, está al alcance de todos desconoce estratificación social, edad, diferencia de razas y religión. A través de los medios de comunicación masiva (propaganda, canciones, películas, internet, etc.) el sexo, invade nuestros hogares y llegan a nuestros alumnos “sin filtro” alguno que los proteja ante la manifestación del tema.
Ante este contexto nos preguntamos ¿Cómo podemos contribuir desde nuestro rol como docente a generar las herramientas que necesitan los jóvenes para tomar decisiones libres y responsables con relación al modo de vivir su sexualidad? ¿Estamos preparados para tal desafío y responsabilidad?

La reciente sanción de la Ley de Educación Sexual Nacional constituye un desafío importante a la hora de pensar la enseñanza que no solo debe estar centrada en la prevención y control médico sino entendiéndola como un componente importante para una vida plena ¿Pero que significa educar en sexualidad’ ¿Hasta qué punto nosotros los docentes, tenemos las capacidades y posibilidades de transmitir contenidos que promuevan comportamientos saludables en el campo de la sexualidad?¿ Qué procesos debemos atravesar para lograr transmitir contenidos significativos a nuestros alumnos?

Somos consciente que ser educadora u orientadora en sexualidad no es tarea fácil a llevar a cabo, fundamentalmente por las diversas posiciones de los padres a la hora de formar a sus hijos en educación sexual, cuestionando ese rol exclusivo que les corresponde a ellos y no a la institución escuela, convencidos que “hablar de sexualidad en el aula” les “metería ideas en la cabeza”.Otras cuestiones son, de que se debe o no enseñar en materia de Educación Sexual. Es lógico que el temor a como se va a implementar en el aula y los resultados les genere preocupación y desconfianza.

Otros por el contrario quieren delegar esa función formadora en los docentes como una manera más de ejercer el rol contenedor de la escuela y dar respuestas a las demandas de la sociedad. En este caso nuevamente nos preguntamos ¿estamos preparados para asumir esa función socializadora?

Entendemos que la educación sexual es una educación para ser más que para hacer y, que la educación implica un cambio de actitud, por eso no basta, la transmisión de información tenemos que promover cambios de actitudes y generar conciencia de la temática.

El tema de la sexualidad es un tema plagado de dudas de tabúes, no solo para los y las adolescentes sino también para los adultos, es por eso que el adulto debe someterse a una situación de continuo aprendizaje para no ser un obstáculo a la hora de acompañar a nuestros educandos. Generalmente y demasiadas veces escuchamos a nuestro colegas decir que los alumnos le preguntaron temas referidos a la sexualidad y que prefieren derivar el tema a otros docentes, o acallar y silenciar las incertidumbres de sus chicos que lamentablemente quedan sin el acompañamiento de adultos significativos porque recordemos y aceptemos que no todos los docentes son iguales para sus alumnos hay algunos que “inspiran más confianza que otros” y esta situación es la que tenemos que estar alertas para no dejarlos sin el acompañamiento de un adulto significativo en cuestiones que son propias de la vida. Así, en lugar de propiciar formas de vivir la sexualidad en forma responsable los estamos dejando solos frente a situaciones de riesgo innecesarios.

Es por ello ,que coincidimos con L. M. Atucha que es necesario modificar la concepción errónea que se tiene sobre la educación sexual como mera transmisión de información seleccionada sobre sexo, por otra que implique una educación sexual transformadora y liberadora que ayude al educando a tomar decisiones en libertad, libres de prejuicios, dudas, mitos y tabúes. Consideramos necesario que antes que formar a nuestros alumnos, son los padres los que requieren información previa y es la institución escolar la que debe crear espacios de reflexión de debates a través de talleres específicos sobre el tema.

Coincidimos con Luis M Atucha cuando afirma que un elemento clave para encarar con éxito actividades educativas en el campo de la sexualidad humana, es que el educador se someta a un proceso de auto estudio y auto conocimiento para poder ayudar al educando en el campo de la sexualidad. El educador, debe ser capaz de hablar abiertamente el tema, sin prejuicios y preferencias, en un proceso dialógico, generando una relación vinculante entre enseñante y aprendiente.

Entendemos que la corriente metodológica mas adecuada, debe ser la denominada LENGUAJE TOTAL, donde el educando sea capaz de asumir un compromiso personal a tal desafío que demanda la sociedad actual y para ello debemos estar muy bien preparados para responder con eficacia.

La creación del Programa Nacional de Educación Sexual Integral ley 26.150, es un gran paso para construir espacios de diálogos que los alumnos necesitan para hablar sobre el tema, sin embargo no debemos olvidarnos del rol fundamental que tiene los padres porque son los primeros responsables de la formación de sus hijos y en éste tema también. Por eso es necesario que en la familia aprendan ciertas normas, valores, criterios para valorar sus acciones que en definitiva son el pilar fundamental de su dignidad como seres humanos.

El papel de la educación en la escuela demanda un trabajo en conjunto de los docentes y de los padres que privilegie una cultura del cuidado de la salud, brindando a los educandos las herramientas para ejercer una sexualidad plena, sana y sobre todo responsable. Que sepan que al ser adolescentes no necesariamente tienen que incursionar en el tema del sexo sino que ellos deben, y pueden, elegir al tener relaciones sexuales con sus parejas y que no debe ser un acto mecánico como ocurre entre la mayoría de los jóvenes sino que repetimos debe ser una sexualidad sana y responsable. Volvemos a caer en la responsabilidad de la escuela y de los padres en forma conjunta ya que desde allí es donde se debe generar la información y el inicio del dialogo sobre el tema.

Las instituciones educativas deben ofrecer entre sus contenidos básicos conocimiento y cuidado del cuerpo, sexualidad sana y responsable, embarazos y prevención, transmisión de enfermedades pero también debe hacer énfasis en un comportamiento sexual seguro y responsable debe motivar e incentivar la autoestima y el amor de cada uno como personas , enseñar a aprender sobre nuestro cuerpo y de esa forma a cuidarlo , no solo priorizar como un derecho a la salud sino como seres humanos que son porque en la escuela es donde se debe formar ciudadanos , autónomos, dignos por ello es necesario valorarlos, comprenderlos y acompañarlos en los procesos para que se proyecten a nuevos y sanos horizontes porque la sociedad los necesita. Por eso coincidimos con Luis M Atucha que la dimensión social que debe ofrecer la escuela no debe caer en una mera transmisión de información porque de esta manera el discurso de la sexualidad se vuelve exclusivamente preventivo y biologicista, reducido al abordaje de la genitalidad.

Tenemos la seguridad de que si cada institución de la sociedad, llámese familia, iglesia, escuela, centro de salud, etc., cumple con el rol que le corresponde trabajando en forma conjunta en bien de nuestros hijos, alumnos, y adolescentes lograremos soluciones para una educación sexual sana, responsable, segura y plena que posibilitara jóvenes seguros y responsables en su vida. Los jóvenes necesitan aprender y están dispuestos a hacerlo, solo lo harán en la medida que “acompañemos sus procesos”.

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