Biblioteca OnlineEducación Sexual: aspectos ideológicos y conceptuales

Adolescencia, sexualidad y salud: Reflexiones acerca de una Educación posible

Por Norma Beatriz Viola
Licenciada y Profesora en Psicopedagogía – Sexóloga Educativa.

INTRODUCCIÓN
La adolescencia es una etapa en la que comienza una importante transformación de la mirada sobre el mundo. La escuela, la familia, los amigos y todo el entorno comienzan a tomar otra dimensión, otro valor en la vida del adolescente. Así, se va percibiendo de un modo lejano a la infancia y se comienza a tener una voz y una mirada propia sobre el mundo.
Todo esto sucede mientras el cuerpo del sujeto se transforma de modo acelerado. Cambia el cuerpo y con él, los deseos. Se comienzan a sentir cosas que tal vez no se habían registrado antes: se gustan, se atraen, se producen alejamientos y encuentros con chicos y chicas de un modo nuevo.
Si cuando se es chico, estar saludable supone tener la posibilidad de una buena alimentación, una visita periódica al centro de salud y recibir las vacunas según el calendario indicado, cuando se ingresa a la adolescencia, la salud requiere de nuevos cuidados porque el cuerpo se ha ido modificando y también la psiquis.
Una parte muy importante de la salud comenzará a relacionarse con la sexualidad. Y casi siempre – aun para la gente adulta – el terreno de la sexualidad es un universo plagado de dudas. Miles de preguntas invaden al adolescente, dudas que tienen que ver con los cambios corporales y con las nuevas maneras de relación que se establece con los otros. Preguntas para las que no siempre se obtienen respuestas o no se tiene a quién recurrir para que ayude a clarificarlas.
Cuidar de la salud y de la vida comenzará a ser un tema importante a esta edad. Y también comenzará a ser un hecho posible en la medida que se cuente con información adecuada y oportuna.

Este trabajo tiene como objetivo realizar un desarrollo teórico en torno a la relación adolescencia – sexualidad – educación tomando como eje de análisis el problema que reviste, en esta etapa de la vida, la falta de información y conocimiento respecto de la prevención del embarazo y de ETS y las características que debería brindar un buen programa de educación sexual en esta etapa de la vida.
Creemos que es sumamente importante que los adolescentes estén informados al respecto pero nos preguntamos acerca de la metodología más adecuada, los contenidos que deberían desarrollarse y la corriente teórica desde la cual es más conveniente que el educador se posicione.

ADOLESCENCIA Y GÉNERO
Diferentes autores no se han puesto de acuerdo sobre cuáles son los límites de edad de la adolescencia. Las edades oscilan entre los 12 y 18, algunos toman la etapa que va de los 14 a 19 años y muchos autores consideran que la adolescencia se extiende hasta los 20 años o más.
La Lic. Gabriela Díaz 1 diferencia tres fases dentro de este período:
1. La primera adolescencia o adolescencia puberal.
2. La adolescencia media o la adolescencia propiamente dicha.
3. La adolescencia tercera o juvenil.
En términos generales, se podría considerar que la etapa de la adolescencia comprende a las personas que poseen entre los 12 y 19 años. Pero además del criterio de edad, hay muchas otras formas de definir la adolescencia porque también hay muchas formas de vivirla. La adolescencia no es lo mismo entre pobres y ricos, entre chicas y chicos, en los diferentes países, religiones, culturas y situaciones sociales. Una persona adolescente del siglo XIX no se comportaba igual que una del siglo XXI.
El inicio de la adolescencia se basa en un criterio determinado por la maduración orgánica. Es decir, que la adolescencia comienza con la pubertad, que conduce a la madurez sexual y a la capacidad de reproducción. El criterio de finalización de la adolescencia está determinado por características psico-socio laborales.
Actualmente hay sociedades y sectores de población que realmente no tienen adolescentes, es el caso de los grupos que viven en situación de extrema pobreza en la Argentina, los chicos pasan directamente de la niñez a la adultez porque desde muy temprana edad deben asumir responsabilidades de adultos: mantener económicamente a sus familias, cuidar a sus familiares de edades menores o mayores, sanos o enfermos, ocuparse de los quehaceres domésticos, formar una pareja, tener hijos.
“Si bien términos como adolescencia y juventud definen grupos de edad, no se los puede demarcar con la exactitud que suponen intuitivamente los criterios de edad, puesto que sus límites son variables, como todo límite de edad, y sus fronteras son, antes que naturales, sociales, es decir que están socialmente construidas y, por lo tanto, varían histórica, geográfica y culturalmente”2
Se podría decir que la adolescencia es una etapa de transición en la cual ya se ha dejado de ser niño o niña, pero todavía no se es joven o grande. Hay una sensación diferente, el cuerpo cambia y también se comienza a ver lo que lo rodea de forma diferente. Es una etapa donde se quiere aprender todo, vivir todo y probar todo y esta curiosidad viene acompañada de algunos problemas que los suelen hacer sentir inseguros.
Es una etapa de crecimiento y de cambios físicos, mentales y sociales. El cambio corporal provoca sentimientos muy variados y en ocasiones contradictorios, algunos sienten vergüenza, otros se sienten más seguros. Es común que en esta etapa los adolescentes se sientan más pudorosos y tímidos, sorprendidos y preocupados ante los cambios corporales que experimentan.
De esta manera y a través de un complejo proceso, se va conformando la identidad que define formas de pensar, sentir y actuar. En este sentido, la identidad va cambiando a lo largo de la vida porque los modos de sentir, actuar y pensar no son exactamente iguales en las diferentes etapas de desarrollo. Por esa razón, la identidad se va construyendo a lo largo de la vida y permite la apropiación de los cambios vividos y la conformación de una visión histórica de uno mismo.

2 URRESTI, M. “Informe del área de adolescencia”. UNICEF.

La construcción de la identidad durante la adolescencia no es igual en todos los países ni culturas, ni tampoco para las mujeres o varones o en las diferentes épocas. Las conductas consideradas naturales para los adolescentes, varían según el sexo, la situación económica, la religión, la edad, el lugar de residencia, etc.

Púberes y Adolescentes de hoy
Tal como se expresó anteriormente, las características generales de la adolescencia están condicionadas por múltiples variables, entre ellas LA EPOCA HISTÓRICA.
Gonzalez, Liliana (2008) expresa que:
Las particularidades que hoy atraviesan las nuevas generaciones, se reflejan en conductas nuevas o en distintas versiones de las conductas de siempre.
La situación íntima de un adolescente ha cambiado menos que el contexto social en el que está inmerso. Se observa la precocidad en el inicio y la permanencia en esa etapa como si les resultara imposible ingresar a la vida adulta.
Desde diferentes ámbitos sociales, por ejemplo desde los medios, se los presiona para que se hagan adolescentes cuanto antes. Chicos de 11 años tienen vergüenza de jugar como si ya no fuera una actividad legítima que les compete.
En el otro extremo, en las clases carenciadas, se trabaja desde los 5 años y son más frecuentes los embarazos de casi niñas, con lo cual se pasa de la niñez a la adultez sin anestesia.
…. las características de la posmodernidad no parecen ayudar en la tarea educativa ya que al imperativo del goce se le suma el crepúsculo del deber ser, la autoridad, la espera, el esfuerzo. Los chicos saben que la corrupción, la trampa, la trasgresión, la injusticia están instaladas y que todo se puede ver, escuchar y decir.
Una publicidad montada sobre la idea de que el sexo y la desnudez venden, y que el consumo es la base de la felicidad, tiene a los adolescentes como principales destinatarios.
Este bombardeo de imágenes y temáticas de la sexualidad adulta impactan no sólo en la psiquis de los chicos sino también sobre el cuerpo. Una manifestación de ello son las menarcas cada vez más precoces. Niñas de 9 ó 10 años menstruando, a las que hay que decirles “señoritas”, cursando una adolescencia anticipada, quemando etapas irrecuperables.
Son las que sorprenden a sus padres con pedidos que a estos jamás se les hubiera ocurrido: vestirse como mujercitas, ir a boliches, fiestas sin adultos, ingesta de alcohol, et.
En este marco, la adolescencia es una etapa de la vida que puede verse como un período de oportunidades, pero también de riesgos para la salud y en especial para la sexual y reproductiva. Sin embargo, estos riesgos pueden reducirse ampliamente con acciones efectivas.

El 85 % de los adolescentes del mundo, viven en países en desarrollo3.
En América Latina y también en la Argentina, las políticas económicas y sociales han provocado el empobrecimiento de millones de personas y han colocado en una situación de “exclusión” a las que ya eran pobres antes de la aplicación de dichas políticas. Estar “excluidos” significa no tener acceso adecuado a la comida, la vivienda, la ropa, la educación, la salud, la recreación, el dinero, la información. Esta situación provoca la fragmentación de las familias y los círculos de pertenencia, porque a veces las personas deben migrar a otros

3 Notas informativas. Boletín Nº 35, julio de 1999. PANOS (Progrma de Salud Reproductiva y Género). Londres, 2000.

lugares para conseguir trabajo. Otras familias se mantienen unidas pero viven en una situación de total vulnerabilidad, en la calle o en condiciones de vivienda altamente desfavorables.
Si bien en la Argentina el trabajo de personas menores de 14 años es ilegal, el trabajo infantil y adolescente está aumentando, y muchas veces se convierte en el único sustento económico del grupo familiar. Éste es un problema grave, ya que el trabajo temprano favorece la deserción escolar e implica muchos riesgos para los chicos, las chicas y los adolescentes.
Las responsabilidades laborales no sólo se dan fuera de la casa. También en el ámbito doméstico, muchas adolescentes deben asumir el cuidado de sus hermanos menores, porque sus padres y hermanos mayores deben cumplir una larga jornada laboral para garantizar la cobertura de las necesidades básicas de sus familias. Algunas no tienen posibilidades de continuar con su educación, y se impide así la adquisición de capacidades y habilidades que les posibiliten mejores oportunidades laborales y sociales.
La cantidad de habitantes de la República Argentina sobrepasa los 36 millones. De ellos, más de 6 millones (el 20 %) corresponde al grupo de entre 10 y 19 años de edad. De acuerdo con un estudio oficial realizado por el SIEMPRO (Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales)4 en la Argentina hay 18.219.000 pobres, cifra que representa el 51,4 % de la población Argentina. De ese total, 7.777.000 son indigentes. Asimismo, del total de pobres en la Argentina, 8.319.000 son chicos y adolescentes.
En general, los jóvenes finalizan la escuela primaria, pero no siempre continúan la educación secundaria y menos aún los estudios superiores. El porcentaje de escolarización secundaria es significativamente más baja que la primaria (del 97,1 % al 77,2 % – EPH-INDEC, mayo de 1999).

[b]4 Organismo dependiente de la Presidencia de la Nación, www.siempro.gov.ar[/b]

Esto marca una diferenciación social entre los que pueden acceder a una educación y los que no. Estos últimos tienen menores probabilidades de conseguir un trabajo y de acceder a una mejor inserción social.
Es cada vez más común que mujeres adolescentes pobres convivan con varones muchos años mayores que ellas. Esto está sustentado por la idea de que el matrimonio o la convivencia temprana constituye una de las opciones de vida para las adolescentes de nuestra región, debido a las costumbres o a la necesidad económica.
Por la alta valoración social del matrimonio y de la maternidad en la Argentina, muchas chicas consideran ambas opciones para abandonar su casa paterna, lo cual finalmente las lleva a tener que asumir tempranamente las responsabilidades de la crianza de sus hijos. Puesto que las concepciones tradicionales sobre lo que “deben hacer” las mujeres y los varones en la familia y en la sociedad están aún muy vigentes en nuestro país, son pocas las adolescentes que reciben ayuda de sus compañeros o parejas en los quehaceres domésticos, por lo que deben asumir estas tareas en soledad, aunque a su vez trabajen fuera de su casa.
Las madres adolescentes sufren una gran estigmatización social y a veces hasta son expulsadas de la escuela. Es improbable que las adolescentes embarazadas que dejan la escuela reanuden su educación y, en consecuencia, sus oportunidades de empleo se ven más limitadas.
Ante esta situación, es difícil mantener un buen nivel de salud que incluya la salud sexual y reproductiva. Sin embargo, los y las adolescentes poseen un gran potencial para cambiar esta situación y para promover que otros adolescentes también lo hagan. Para ello, necesitan acceder a información adecuada, tener conciencia de la propia vulnerabilidad, desarrollar al máximo la capacidad de liderazgo y contar con el soporte y el apoyo de las personas adultas.

La visión de género
Nacemos con un cierto sexo: mujer o varón, pero también “aprendemos” a ser mujeres o varones. La gente espera cosas diferentes según el sexo. En general de las mujeres se espera que, cuando aún son niñas, sean delicadas y obedientes, y que durante su adultez se casen, tengan hijos y asuman la mayoría de los quehaceres domésticos, incluida la crianza de sus hijos. De hecho, aunque muchas mujeres trabajen fuera de su casa, siguen teniendo sobre sus espaldas las mayores responsabilidades respecto de lo doméstico y la educación de sus hijos.
Estas responsabilidades se van internalizando desde la niñez, a través de los juguetes destinados a las niñas: muñecas (que en el juego cumplen el rol de hijos), cochecitos, como también artefactos y otros objetos de la casa, como cocinas, escobas, planchas, etcétera.
De los varones, por lo general se espera que sean fuertes, activos, que no demuestren temores y que sean capaces de tomar decisiones en todo momento. También se espera que sean “proveedores”, es decir que sean el sustento económico de la familia, pero no tanto el sustento afectivo para los hijos.
Los varones van internalizando estos modelos de fortaleza, valentía y riesgo desde chiquitos, a través de los juguetes que utilizan, como los muñecos musculosos de los superhéroes o las armas. Muchas veces, se estimula que los varones practiquen juegos competitivos y se premia la violencia.
Todos estos aprendizajes van marcando la adolescencia y posteriormente la adultez: van construyendo el “género”, es decir, la elaboración sobre la feminidad, la masculinidad y las relaciones y jerarquías que se establecen a partir de ello.
En Argentina, algunos datos marcan claramente las consecuencias de estos roles adjudicados y asumidos. “Entre los 15 y los 19 años aumenta significativamente el porcentaje de mujeres que no estudian ni trabajan fuera del hogar, llegando a valores superiores al 17 %. Esta información puede relacionarse con la aparición de la maternidad en sus vidas [...] , situación que tiende a repercutir en la deserción de las jóvenes madres del sistema educativo.”5
González, Liliana (2008) expresa que el sexo con el que se nace no garantiza la identidad sexual adulta. Lo que en el origen es nena o varón pasará por un proceso, un camino de construcción de su identidad sexual donde los adultos a cargo de la crianza están involucrados.
Educar a nenas o varones nos remite a nuestra propia concepción de qué es ser hombre o mujer y a los cambios que desde lo social impactan en lo familiar en relación a lo femenino y lo masculino. Mamás manejando trolebuses o taxis, se reflejará en nenas que jueguen con autitos. Papás poniendo pañales se reflejará en niños jugando con muñecas. Esto responde a una flexibilización de los roles tradicionales.
Que a un varón no le gusten los juegos de varones no lo hará menos hombre, pero el camino se le hará más difícil si es burlado, calificado o humillado por eso. Igualmente, que una nena juegue a juegos de varones no la hará menos mujer si tiene padres que la deseen nena, la miren como nena y estimulen la feminidad aceptando su modo particular de ser.
De todos modos es bueno saber que a pesar de todos los intentos educativos, hay elementos inconscientes y por lo tanto inmanejables.
En el terreno de lo psíquico es imposible garantizar procesos y resultados pero el camino se simplifica con padres satisfechos con su sexualidad y respetuosos del hijo, de cada hijo en particular como ser deseante y autónomo.

5 FAUR, E., “Mapa estratégico del área mujer y equidad de género”. UNICEF. Documento de Trabajo Nº 1, noviembre de 2000.

Salud Sexual
La OMS define a la salud como “el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no la mera ausencia de enfermedad”. Por eso, “sentirnos bien” no implica solamente no estar enfermos, sino también gozar de un nivel de vida adecuado, con acceso a la educación, la vivienda y la alimentación, y con la asistencia adecuada de nuestra salud.
La situación de salud o enfermedad de una persona o grupo de personas es el resultado de diferentes factores, Menoni y Barrenechea 6 los clasificaron de la siguiente manera.
• Factores biológicos: genéticos, sexo, edad.
• Factores ligados al entorno: medio ambiente físico (calidad del aire, suelo contaminantes), medio ambiente social (aspectos demográficos, vida de relación social, organización familiar y social, interrelaciones sociales y desigualdad social; condiciones de vida, como vivienda, empleo o desocupación, ingreso, distribución de la riqueza).
• Factores ligados a los estilos de vida: comportamientos de los individuos y los grupos, valores, creencias, roles que se ejercen en la familia y en la sociedad, costumbres, consumo, comunicación y nivel educativo y de formación.
• Factores ligados a la organización de los servicios de salud: características de la atención de la salud (si la atención es continua, accesible geográfica y culturalmente, está regida por las necesidades de la población o por el mercado; qué lugar se les asigna a las personas, la familia y la comunidad; cómo se hace la asignación de recursos: con

6 MENONI, T. y BARRENECHEA C., “Basta la salud…”, en Derechos humanos. Salud integral. IDES, Uruguay. 1999.

base en las necesidades de la población o en relación al modelo de atención).
La Declaración Universal de Derechos Humanos establece que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, la vivienda, la asistencia médica”. La Constitución de la Nación Argentina también contempla el derecho a la salud. Por eso, este derecho no implica solamente poder ir al médico, sino también poder vivir en una sociedad solidaria, donde se respeten las diferencias de las personas, como la edad, el sexo, la raza, la nacionalidad, la orientación sexual, etcétera.

La Sexualidad también forma parte de la salud
Con respecto a la definición se sexualidad, muchas personas creen que es sinónimo de relaciones sexuales. Otras piensan que la sexualidad tiene que ver con nuestros genitales. Sin embargo, el concepto de sexualidad es mucho más amplio y es definida por distintos autores de las siguientes maneras:
Para Germán Jara y Ramiro Molina, es el “Conjunto de manifestaciones comportamentales, propias de la especie humana, influidas por factores biológicos, psicológicos y socioculturales, por medio de las cuales los individuos se manifiestan conforme a su identidad, sus roles y su orientación, a lo largo de toda la vida”.
Silvia Formenti, manifiesta: “Entendemos la sexualidad como una función de relación con los demás, caracterizada por la búsqueda de comunicación, afectividad y placer, que implica complementariamente la reproducción”.
Por su parte, Beatriz Goldstein y Claudio Glejzer, consideran Sexualidad “al conjunto de procesos emocionales y comportamentales en relación con el sexo que intervienen en todas las etapas del ciclo de vida de un individuo, a lo largo de su desarrollo”.
Mirta Bianco María Ines Re sostienen que “La sexualidad es un proceso dinámico y complejo que comienza cuando nacemos y se manifiesta de manera diferente a lo largo de nuestra vida. A medida que vamos creciendo, incorporamos pautas y comportamientos vinculados a nuestra sexualidad. La sexualidad se desarrolla por la interacción con los otros, en la familia, la escuela, los grupos sociales en los que actuamos y la sociedad en general.”
La sexualidad es algo distinto de las relaciones sexuales. La primera está muy ligada a nuestra identidad y a pesar de su significado central en nuestra vida, muchas veces tenemos dificultades para hablar de ella. La sexualidad la vivimos, la sentimos: tiene que ver con la forma de movernos, vestirnos, expresarnos, relacionarnos con el entorno.
Podemos decir que todas y todos tenemos sexualidad a lo largo de la vida, desde que nacemos hasta que morimos, aunque se exprese de manera diferente en las distintas etapas vitales.
A menudo la sexualidad nos preocupa, nos inquieta; a veces nos atrae y otras no. Está relacionada con nuestro sexo y con nuestro cuerpo, con nuestra salud, nuestras ideas y sentimientos.
Cada persona vive su propia sexualidad de una manera diferente. La sexualidad es tan amplia y variada como personas hay en el mundo y se expresa de distinta forma según seamos mujeres o varones, chicos o grandes y también según nuestro grupo familiar y social. La forma de expresar la sexualidad también varía según las distintas culturas, países y momentos históricos.
Los varones adolescentes suelen aprender las formas de comportamiento consideradas “masculinas”: ser fuerte y dominante, no mostrar emociones y ejercer autoridad sobre la mujer, ser exitoso y competitivo. Al varón se le exige saber “todo” sobre sexo y tomar la iniciativa para tener relaciones sexuales. Incluso a veces el grupo de amigos o sus familiares no ven con buenos ojos que a cierta edad los adolescentes varones no se hayan iniciado sexualmente.

Las adolescentes mujeres, por su parte, aprenden que la mujer es considerada un ser más “emocional”. Muchas veces está mal visto que desarrollen ciertos deportes o actividades consideradas “masculinas” o que tomen iniciativas para acercarse a los chicos. A ellas se les enseña a ser obedientes, sumisas y que no es bueno tener muchos novios, que deben casarse o formar pareja y tener hijos. Muchas veces se dice que las mujeres no pueden sentirse “completas” si no se casan y tienen hijos.
Consideramos que estas expectativas sociales a menudo están muy lejos de nuestras expectativas personales y del futuro que soñamos para nosotros mismos. Por eso, en ocasiones, atentan contra nuestra salud porque nos hacen sentir tristeza y frustración. Debemos tener en cuenta que tenemos un abanico de posibilidades y potencialidades para construir nuestra vida, y vivirla según nuestros intereses y necesidades.

La salud sexual y reproductiva
Según lo establece la Declaración de Buenos Aires, la salud sexual y reproductiva es un componente inseparable de una vida plena y por lo tanto constituye uno de los derechos fundamentales de las personas.
La salud sexual y reproductiva involucra tanto a los derechos respaldados por la Constitución Argentina, como a la salud pública, responsabilidad indelegable del Estado y se inscribe dentro del ámbito social en términos de igualdad de oportunidades y es un proceso continuo que comienza en la niñez, atraviesa la adolescencia y acompaña a las personas a lo largo de su vida, más allá del período reproductivo.
Los derechos sexuales y reproductivos son reconocidos como derechos humanos básicos, ya que todas las personas tienen derecho a:
• Realización plena, segura y libre de la vida sexual, en el marco del total respeto a la persona humana.
• Libre opción de la maternidad/paternidad
• Planificación familiar voluntaria y responsable.
La OMS define a la salud reproductiva a través de cuatro objetivos fundamentales:
• Que todas las parejas tengan la posibilidad de reproducirse y regular su fecundidad.
• Que toda mujer pueda gozar de un embarazo y de un parto con total seguridad de salud.
• Que el resultado tenga éxito, tanto en términos de la supervivencia como del bienestar de la madre y del niño.
• Que todas las parejas puedan gozar de relaciones sexuales sin miedo a un embarazo no deseado o a contraer enfermedades.
No obstante, en nuestro país, los programas de información, educación y servicios destinados a mejorar los niveles de salud y bienestar de las mujeres y las familias, han quedado relegados a pesar de que Argentina ha sido signataria de los convenios internacionales por los cuales se comprometió a que antes del año 2000, todas las parejas tendrían acceso a los métodos anticonceptivos que les permitiera libre y responsablemente decidir sobre el número de hijos a tener y el momento de tenerlos.7
La salud sexual y reproductiva incluye la capacidad que tenemos de disfrutar una actividad sexual responsable, satisfactoria y segura, y la libertad para decidir tener o no relaciones sexuales, con quién, cuándo y con qué frecuencia. También incluye nuestro derecho a recibir información adecuada para prevenir embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/sida, y a acceder a servicios de salud adecuados.
Según Gómez da Costa (1992)…”los niños y adolescentes son portadores de todos los derechos que tienen los adultos y que sean aplicables a su edad, más

7 Declaración de Buenos Aires sobre Salud Sexual y Reproductiva. Ficha Nº 5. Material de apoyo bibliográfico TS1-1. Postgrado en Sexualidad Humana. Instituto Kinsey. Rosario 2008

los derechos especiales que derivan precisamente de su estatuto ontológico, propio de las personas en condición peculiar de desarrollo”.
“Los derechos de los/las adolescentes incluyen la información y los servicios sobre su salud reproductiva, en tanto parte inalienable de su salud integral. La negativa a atender a un adolescente que solicita información sobre salud sexual y reproductiva en razón de su edad, puede significar abandono de persona y resultar un acto discriminatorio. De la misma forma que puede violarse el derecho a la confidencialidad y la privacidad de los actos si se decidiera informar a los padres de esa solicitud y/o se requiriera su autorización para responder a la demanda del/a adolescente.”
Para que los y las adolescentes puedan tomar estas decisiones, contando con información adecuada y sin ningún tipo de coerción ni violencia, las personas encargadas de elaborar políticas, los padres y las madres, los responsables de sistemas de salud y los educadores deben trabajar para promover que los adolescentes se desarrollen y se conviertan en adultos saludables, proporcionándoles un ambiente de apoyo y seguridad, orientación e información completa, capacitación para la vida y servicios de salud accesibles y de buena calidad.
Según la Asociación Mundial de Sexología (WAS), la salud sexual es el resultado de un ambiente que reconoce, respeta y ejerce estos derechos sexuales:
• Libertad sexual
• Autonomía, integridad y seguridad sexual del cuerpo
• Privacidad sexual
• Equidad sexual
• Placer sexual
• Expresión sexual emocional
• Libre asociación sexual
• Toma de decisiones reproductivas, libres y responsables.
• Información basada en el conocimiento científico
Educación sexual integral
• Atención de la salud sexual.
Los derechos sexuales son derechos humanos fundamentales y universales.

Cuerpo, Sexualidad y Salud
El cuerpo concebido en su totalidad desempeña un rol primordial en la vida de las personas. A pesar de ello los mensajes que se reciben desde la niñez mediante la educación y la formación, tienden a ocultar y negar el cuerpo sexuado.
Hay quienes piensan al cuerpo como una máquina, otros imaginan la existencia de un cuerpo sensorial que trasciende la dimensión mecánica o física. En esa manera de vivirlo, de habitarlo, deja el cuerpo de ser neutro y se vuelve algo totalmente personal.
Nuestras sensaciones tienen voz en el cuerpo, tienen espacio en él. Nuestro cuerpo es más que un espejo de nosotros. Nuestro cuerpo es una parte gigantesca de nuestra identidad.
El cuerpo es la casa de nuestros sentidos, con él nos estremecemos, bailamos, amamos, corremos, viajamos, nos defendemos. El cuerpo también se enferma o se lastima y esas experiencias no son sólo físicas sino que van cambiando nuestras maneras de percibirnos a nosotros mismos y de estar en el mundo.
Con el cuerpo nos comunicamos, a través de la voz, de la piel tocando, acariciando, estrechando manos. O con la mirada… Transmitimos emociones con las manos, con los gestos, con la mirada, con los brazos…
Cada cuerpo es un universo pequeño, es único y puede ser habitado y disfrutado como tal. Disfrutarlo supone conocerlo y conocernos a nosotros mismos. Eso implica todo un aprendizaje, un proceso que lleva tiempo. Aprender a percibir nuestras sensaciones, nuestros deseos y nuestros miedos.
Aprender a tomarlos en cuenta, a ser honestos con nuestras necesidades, que a veces son distintas de las de otras personas. Aprender a cuidarnos es también aprender a disfrutarnos. Saber decir que sí mientras nos cuidamos y saber decir que no cuando algo que nos proponen es distinto de lo que deseamos.

EDUCACION SEXUAL
Como se vino señalando, desde la perspectiva de los adultos, la adolescencia es una etapa pasajera y problemática. Tal es así que cuando se encaran programas destinados a los adolescentes se lo hace no por el bien de ellos, sino con el afán de solucionar problemas o evitarlos. Con este enfoque parcializado se han montado programas de educación sexual y planificación familiar para adolescentes, buscando “solucionar” el problema que la sexualidad de ellos, nos crea a nosotros, los adultos.
Aller Atucha L.M. y R. Schiavo, M. (1994) plantean que la sexualidad juvenil ha sido, durante muchos años, terreno abandonado. Hubo poca o ninguna preocupación por ocuparlo. Quienes primero lo hicieron fueron los planificadores familiares, pero llegaron a él desde la perspectiva del “problema”, en este caso, el problema del embarazo precoz. Últimamente la aparición del SIDA agregó a los adultos un problema más por el cual ocuparse en relación a la sexualidad juvenil.
Cuando los planificadores familiares, a fines de los años 70 entraron en el terreno sumamente complejo y difícil de la sexualidad juvenil, lo hicieron sin que mediara un análisis previo, profundo y honesto de las necesidades de los jóvenes en materia de sexualidad. Llegaron a este nuevo campo de acción con los viejos esquemas de trabajo de la Planificación Familiar, con un enfoque tradicional anti reproductivista. Por eso, los jóvenes percibieron que esa aproximación no estaba motivada en sus necesidades sino en la de los adultos, intentando solucionar los problemas que ellos habían determinado que existían debido al ejercicio de la sexo-genitalidad juvenil.
Aún hoy se continúa hablando de Planificación Familiar en los programas de jóvenes, a pesar de que nada más alejado del concepto de familia en el ejercicio de la búsqueda de placer erótico. Cuando un joven busca una relación coital busca PLACER, no descendencia. Por esa razón, hay ciertas variables que deberían tenerse en cuenta antes de encarar programas sobre sexualidad destinados a adolescentes y jóvenes.
Algunas de ellas son:
• Adolescencia cultura y sociedad
Es preciso considerar el contexto socio cultural e histórico en el que están insertos los adolescentes que serán destinatarios de un programa de educación de la sexualidad. Un adolescente de nuestro tiempo, no tiene las mismas ideas, vivencias y expectativas que un adolescente de hace cincuenta o cien años. Un adolescente de un área rural, no tiene el mismo comportamiento social ni sexual que el de un adolescente de la ciudad.
La situación económica, el consumismo, la violencia y el consumo de drogas (entre otros) son temas que inciden y condicionan de diversas maneras la actividad sexual de los jóvenes.
Por lo tanto, no parece acertado hablar de sexualidad en el vacío, sin integrar el entorno social y cultural en el cual se encuentra el educando con quien pretendemos compartir la enseñanza aprendizaje.
Siguiendo con Aller Atucha L.M. y R. Schiavo, M. (1994), para los adultos en general y los educadores sexuales en particular, sobre todo los encasillados en las corrientes moralistas y tradicionales, es más fácil negar la realidad que aceptarla. Dentro de esta realidad se inscribe la sexualidad del adolescente, de la que nos acordamos sólo cuando ella nos crea problemas a los adultos, llámense éstos embarazos precoz o enfermedades de transmisión sexual.
Continuando con lo que expresan los autores mencionados, para muchos adultos y educadores la realidad es “tal cual debería ser” y no como realmente es. Entonces se da por supuesto que los jóvenes no tendrán relaciones sexuales, porque no las deberían tener; por lo tanto, se los deja librado a su propia suerte, sin orientación sobre cómo vivir una sexualidad placentera y sin culpas y, lo que es más grave, sin información oportuna sobre anticoncepción y la forma sencilla de obtener los métodos que necesitan.
• Iniciación sexo-genital y anticoncepción
Numerosas investigaciones nos informan que la iniciación sexo-genital o iniciación sexual de los adolescentes y jóvenes se produce en la gran mayoría de los casos sin protección anticonceptiva.
Difícilmente los jóvenes podrían saber sobre anticoncepción, ya que la enseñanza de ésta se la ha vinculado a la reproducción y no al placer, y como se ha señalado, ellos no están interesados en reproducir sino en comunicarse sexualmente y gozar.
Según los autores mencionados, si la enseñanza de métodos anticonceptivos tuviera como fin el enseñar a tener encuentros sexo-genitales más satisfactorios, estamos seguros que los jóvenes aprenderían. Pero mientras vinculemos el anticonceptivo al hijo, que evita si se emplea y que podrá venir si no se lo emplea, difícilmente tendremos una gran audiencia entre la juventud. Es decir, si les hablásemos de anticoncepción como un medio para mejorar la relación de pareja, aumentar el placer y evitar riesgos no buscados, como lo es un embarazo y las enfermedades de trasmisión sexual, posiblemente tendríamos mejor suerte. Pero si insistimos en comenzar hablando de la familia, los problemas del embarazo de las adolescentes y las responsabilidades de ser padres, cuando nos llegue el momento de hablar de los métodos, ya se habrá creado una barrera difícil de vencer.
• Una aproximación ideológica al tema Aller Atucha L.M. y R. Schiavo, M. (1994) sostienen que un programa para adolescentes y jóvenes vinculado a su sexualidad, dentro del cual se encuentra el tema de los embarazos tempranos no planeados ni deseados, debería ser integral, entendiendo por integral no sólo la información anticonceptiva, sino también la preocupación de lograr para la sexualidad juvenil espacios sociales y culturales, es decir el reconocimiento de la existencia del hecho, y espacios físicos, ya que la mayoría de los coitos entre jóvenes se realizan en lugares sin la privacidad y la comodidad adecuada. Esto los lleva a iniciarse en forma poco placentera y culposa.
Los autores consideran que la búsqueda y creación de estos espacios implica asumir y defender el derecho a gozar de un sexo totalmente desvinculado de la reproducción. Es decir, un sexo que no esté necesariamente en concordancia con el “sexo oficial”. Este enfoque integral para programas de adolescentes y jóvenes obligaría a entrar en terrenos que, tradicionalmente, los planificadores familiares y muchos educadores sexuales (confesionalmente formados) no dominan, como lo es el autoerotismo, la homosexualidad, la bisexualidad, las prácticas sexuales no coitales y las variantes de la conducta sexual.
El enfoque integral de la sexualidad juvenil debería permitirse abordar no sólo el tratamiento de ésos temas poco discutidos y relegados, sino que los programas deberían ser verdaderos propiciadores de una sexualidad sana, placentera y responsable.
Corrientes metodológicas en Educación Sexual
Según la Lic. en Psicología y Educadora en Sexualidad, Alejandra Moyano, comprender la sexualidad es una parte integral de toda la personalidad, nos permite considerar que la Educación Sexual puede entenderse como un proceso integral que tiende al desarrollo de los aspectos físicos, psicológicos, emocionales, espirituales y sociales del individuo. Sin embargo existen diversas maneras de abordar a la Educación Sexual. El comunicador social Luis María Aller Atucha, identifica una serie de corrientes conceptuales que serían las que se encuentran vigentes en la educación sexual actual.
Las principales son:
Concepción Moralista: Desde este punto de vista, el acto sexual es admitido con el fin de la procreación, no dando lugar al placer, el cual es solo posible (y con reservas) dentro de la vida conyugal. Este enfoque indica, imponiendo, qué comportamientos son permitidos, deseables y esperables y cuáles no lo son, al ser prohibidos. De esta manera, lo que hace es normalizar, señalar modelos correctos e incorrectos. En lugar de problematizar y discutir diversas situaciones, sólo da recetas. La aparición del Sida ha favorecido la influencia de este enfoque de carácter represivo.
Concepción Erótica: Postura totalmente opuesta a la anterior, que acentúa desmedidamente el placer sexual, en detrimento de la sexualidad como expresión de amor. Al focalizar en el placer como un fin en sí mismo, limita a la sexualidad a un mero intercambio de experiencias y juegos que privilegian la satisfacción del cuerpo. Debido a ello se destaca la difusión del erotismo y del
autoerotismo, sin hacer referencia a la prevención de embarazos no deseados, ni de infecciones de transmisión sexual. Esta versión ha sido explotada por los publicistas y la sociedad de consumo, ya que el placer sexual es objeto de un intenso marketing que difunde la sexualidad en forma distorsionada y confusa.
Concepción Biologista
Desde esta concepción se considera a la sexualidad como sinónimo de biología humana. Por ende, se considera que las diferencias entre hombre y mujer, tanto físicas como psicológicas, se deben a esta determinación biológica. La existencia de los “órganos reproductores” condiciona la totalidad de las manifestaciones de la sexualidad en los diversos planos de la vida social e individual. Esta es una forma frecuente en nuestras escuelas de abordar “la charla de Educación Sexual”, en donde a los alumnos, generalmente a partir del tercer ciclo de la EGB, se los informa sobre anatomía y fisiología de los órganos genitales y sobre el proceso de fecundación. Incluso, en algunos casos comparándolo con lo que ocurre en otras especies. Si bien estos contenidos biológicos son importantes de transmitir, se convierten en mera información, al darse desvinculado de los aspectos existenciales, psicológicos y sociales; el alumno recibe la idea de que el sexo en el ser humano es sólo un hecho biológico; y entonces pasa de ser informativo a ser deformativo.
Concepción Mecanicista
El hombre aparece como un ser compuesto de mecanismos que le permiten tener un acoplamiento sexual, que puede o no resultar satisfactorio. Por lo que se propone enseñar a emplear estos mecanismos y técnicas para el ejercicio de una sexualidad más placentera. Esta forma recortada de entender la Sexualidad, pasa a distorsionar y parcializar a su vez, los aportes realizados por William Masters y Virginia Johnson, y por Helen Singer Kaplan, dirigidos al tratamiento de disfunciones sexuales. La vigencia de esta concepción puede verse en la abundante bibliografía y hasta programas de televisión, que enseñan variedad de técnicas coitales y de formas para aumentar el placer físico durante el acto sexual. De esta manera, observamos como la Sexualidad pasa a ser manipulada como objeto de venta, y en algunos casos utilizando recursos amarillistas, pornográficos e irresponsables. Ello influye en que jóvenes y adultos de ambos sexos crean que esas conductas son reales y se preocupan porque su intimidad no se parece en nada a lo que muestran las imágenes. Esto produce sentimientos de inferioridad y de anormalidad, cuando en realidad son personas normales que están influidos por una Sexualidad de “ciencia ficción”.
Concepción Patologista
Desde esta ideología, sexualidad y enfermedad son considerados sinónimos, por lo que aunque se de información correcta sobre Infecciones de Transmisión, o de enfermedades como el cáncer (de mama, de próstata, etcétera), se focaliza en las secuelas y, no indica formas de prevención (o se las anula o exageran, por ejemplo, cuando se les dice a los jóvenes que el uso del preservativo no impide el contagio de HIV o, por el contrario, que deben usar doble preservativo para que este sea efectivo). Es decir, desde esta perspectiva, se hace hincapié en la prevención de aspectos problemáticos del ejercicio de la Sexualidad, pero no se tiene en cuenta ni el amor, ni el compromiso, ni la responsabilidad personal y hacia los demás.
Concepción Psicologista
Propuesta por el Dr. Eduardo Arnedo, esta concepción considera que las enseñanzas sobre sexualidad están basadas en los aspectos psicológicos del ser humano. La base teórica que la sustenta es el Psicoanálisis (Freud). Todo se reduce a saber y conocer el desarrollo psicosexual de la persona y los problemas que pueden haber aparecido en las diferentes etapas de la vida. No tiene en consideración el entorno social, por lo cual, según esta perspectiva el hombre es un ser con problemas que pareciera estar aislado del mundo.
Concepción Pseudo-Integral
Si bien esta corriente sostiene una concepción del ser humano como una unidad biológica, psicológica y social, no integra los valores del individuo. Se diferencia de la concepción moralista, en su lucha por desarraigar viejos conceptos sobre el sentido pecaminoso del placer en el matrimonio, enseñó el valor del sexo en sí mismo y su importancia como medio de comunicación y en la relación de pareja. Sin embargo, comparten su forma de educación, al procurar dar respuestas fijas. Cada una de estas modalidades de intervención, refleja una específica idea de hombre. A través de estos enfoques, pareciera que el ser humano se reduce sólo a: reproducción, genitales, placer, embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual o disfunciones sexuales. Pero las personas, no pueden reducirse a un solo aspecto, hecho o característica, por lo que estas concepciones atomistas confunden y enferman al limitar lo que es realmente la Educación Sexual. Por ello, es importante analizar y reflexionar sobre la importancia de implementar la educación sexual desde una óptica holista. Así, proponemos la concepción formulada por Aller Atucha, que parte de una visión antropológica integradora, y a la que denomina:
Concepción Diaglógica-Concientizadora o Problematizadora
Este punto de vista conceptual lo que hace es incluir el aspecto existencial a la definición pseudo-integral. Esto significa, que considera la elección existencial del comportamiento sexual de cada individuo. Esto se debe a que, desde esta concepción, no existen conductas netamente “normales” o “anormales”, sino, una amplia gama de comportamientos variables, válidos y aceptables según situaciones culturales y personales.
Es decir, se plantea y defiende el respecto por el ejercicio individual de la Sexualidad, como así también la responsabilidad en el uso social del sexo. Para educar, se basa en el empleo de metodologías participativas de enseñanza. Los conocimientos no se transmiten sino que se construyen creativamente, la existencia de valores y actitudes no se imponen, sino que son producto del diálogo, la reflexión y del ejercicio de la responsabilidad individual
personal y social. Estas metodologías basadas en una búsqueda en conjunto, serían opuestas a la del adoctrinamiento, el cual no es recomendable en un medio que se transforma constantemente y en donde predomina la diversidad.
Para lograr esto, el educador sexual debe ayudar a cada persona a conocerse a sí mismo y a entender mejor la conducta sexual que más favorece de acuerdo a sus propias creencias y necesidades, y a respetar las opiniones de los demás. Siempre considerando que las decisiones deben correr por cuenta de los individuos. Para Aller Atucha, esta corriente responde a los siguientes principios, que deberán ser los principios del educador sexual.
• La sexualidad es una fuerza positiva y enriquecedora en la vida humana
• A cualquier edad del individuo se puede esperar como normal alguna manifestación sexual.
• Puede asegurarse, con bastante evidencia científica, que no existen consecuencias automáticas inevitables (física o psicológicamente) de cualquier forma de actividad sexual, sino más bien, una amplia gama de resultados.
• La conducta sexual y sus consecuencias están condicionadas por las características familiares, roles sexuales, experiencias anteriores, culturales y geográficas, más que por el hecho de ofrecer información o instrucción sexual.
• No existe una norma establecida o universalmente aceptada de conducta sexual. Las normas varían con cada clase social, religión, educación y estilo de vida.
En este marco conceptual, la Educación Sexual se concibe como una forma de enseñanza, que supone el compromiso de una educación para el amor, para el rol, y para la genitalidad, y para el ejercicio de una Sexualidad, sana, placentera y responsable.

ADOLESCENCIA Y SEXUALIDAD
La Primera Vez
Como se expresó anteriormente, en materia sexual es frecuente considerar que la educación que debe recibir el adolescente debe centrarse principalmente en el cuidado de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y en la prevención de embarazos no deseados, del abuso sexual o del aborto. Nos olvidamos de que otro ámbito de la educación sexual tiene que ver con la posibilidad de disfrutar, del placer en los chicos. Para que ellos puedan empezar sus relaciones sexuales sin miedos y temores que, obviamente, inhiben la posibilidad de placer sexual.
Una de las principales preocupaciones de los/as adolescentes está centrada en el inicio de las relaciones sexuales. En relación a la “primera vez”. ¿La primera vez de qué? ¿Del primer beso erótico? ¿Del primer contacto con otro que implique excitación sexual? ¿De la primera caricia genital? ¿Del primer coito?
En general la “primera vez” se refiere a la primera experiencia de penetración o intento de penetración heterosexual u homosexual. No obstante el verdadero principio de la sexualidad se remonta al nacimiento, a las primeras caricias, a la relación con los padres, a los permisos y prohibiciones, a la educación recibida tanto en la familia como en la escuela, a las tradiciones culturales. Tampoco
“En este sentido, la educación sexual es un aporte fundamental a la formación humana. Un espacio para conocer el propio cuerpo y explorarlo, para reflexionar sobre las propias emociones, para aceptar al otro en sus legítimas diferencias, y respetarlo en su ser y en sus deseos.
La educación sexual para niños y jóvenes no es una capacitación más, referida a un futuro. Es, por el contrario, un volver sobre sí y descubrir aspectos de su identidad como varones, como mujeres”.
Groisman, Rabinovich, Imberti. implica la concreción y definición de la sexualidad, la cual va cambiando a lo largo de las diversas etapas de la vida.
Aunque ya ha dejado de ser un tema tabú la primera experiencia sexual (coito) sigue siendo un paso trascendental hacia la adultez. El significado del primer encuentro genital puede modificarse, pero no se reduce, conserva su carácter de iniciación e implica la despedida del cuerpo infantil.
La virginidad aún conserva su relación con la pureza, la inocencia y la potencia contenida. Ha dejado de tener el peso que tenía en otras épocas, pero no por eso se ha convertido en algo intrascendente. Es un tema causal de mucha angustia para gran parte de los jóvenes. Angustia que se expresa a través de preguntas como ¿Existe una edad adecuada para la iniciación? ¿Cómo se debe realizar? ¿Cómo saber si se esta preparado para ese momento?
El inicio de las relaciones sexogenitales parecen estar influenciadas por el medio social al que pertenezca el adolescente. En los niveles socioeconómicos bajos o rurales, generalmente se inicia antes; en la clase media la iniciación es variada y en los sectores religiosos suele ser más tardía.
En el mundo, la edad de iniciación sexual, promedia los 16 años, y alrededor de los 20 años, el 80 % de los jóvenes, en todo el mundo, ya han tenido su primera relación sexual o intento de coito. De ellos, la mayoría no están aún casados. En Argentina, los varones debutan alrededor de los 15 años, mientras que las mujeres casi a los 16 años.
Se ha observado que cuanta más información y educación general tienen los jóvenes, se inician más tarde y con más cuidados (en relación a la elección de con quién, cómo y cuándo, en tener en cuenta la anticoncepción y los preservativos para evitar las ETS). Las relaciones sexuales que se inician a mayor edad tienen, habitualmente, más consentimiento de ambas partes, mayor responsabilidad y compromiso.
Esa primera experiencia es, a veces, deseada, buena, placentera y responsablemente decidida, y muchas veces no. A nivel emocional algunos autores consideran que la virginidad no tiene el mismo significado para varones que para mujeres. La primera vez en el varón se relaciona más con el exterior. Cuando un muchacho ha tenido su primera relación sexual genital siente que ha adquirido prestigio, ha pasado a formar parte de los “viriles”, de los que “lo han hecho”. Y busca ese reconocimiento.
En cambio cuando la mujer “renuncia” a su virginidad genera una experiencia completamente interior. Como dice Julia Pomiés, “La mujer que se levanta de la cama en que se acostó la virgen, se sabe mujer, no porque considere que desde entonces será vista como tal, sino porque se siente como tal… la joven deviene mujer para sí misma, no para los demás. Justo lo opuesto del muchacho, que desea primero devenir hombre para los demás”.
Durante mucho tiempo era común que los varones se iniciaran con una mujer de más edad, frecuentemente prostituta. Las mujeres, en cambio, generalmente dejaban de ser vírgenes recién con el matrimonio (con excepción de las forzadas prostitutas). La función conyugal del varón (del “experto sexual”), era la de iniciar y enseñar a la inocente recién casada.
Es decir que en cuanto a los sentimientos, los varones “debutaban y debutan” por razones de curiosidad, urgencia erótica personal, amorosa, o para cumplir un rol social prefijado de convertirse en “expertos”. En las mujeres, el tipo de “debut” que sigue predominando suele ser el de “sexo con amor”. Sin embargo, actualmente existen menos diferencias entre varones y mujeres que en generaciones anteriores. Asistimos a un cambio importante: encontramos adolescentes mujeres y varones que buscan tanto el afecto como el aprendizaje, la comunicación como el placer en la primera relación sexual.
Groisman, Rabinovich e Inverti, citan en su libro la siguiente encuesta tomada del diaro Clarín, del día 20-09-95. Las cifras están basadas en un sondeo realizado entre 1.000 adolescentes porteños de 15 a 18 años.
Diversas encuestas sobre iniciación sexual realizadas en nuestro país revelan que la iniciación sexual despierta en los/as adolescentes 3 preocupaciones fundamentales: cuándo, cómo y dónde. Dicho de otra manera: si existe una edad adecuada para la iniciación sexual (qué significa estar preparado), si existe una forma ideal para concretarla y cuál sería el ámbito adecuado para realizarlo.
Estos temores suelen expresar, de distintas maneras, la ansiedad frente a lo desconocido, sobre aquellos que se ha escuchado hablar tantas veces pero de forma poco clara y en general en forma clandestina. Según Pomiés, los temores más frecuentes entre las chicas son: el miedo a ser penetradas, al dolor, el miedo ante el desconocimiento de los genitales del compañero porque a veces no tienen conocimiento de esto, miedo a las consecuencias sociales, a que se les note, a ser una “chica fácil”, al rechazo, al embarazo, a ser abandonadas, a ser sometidas y el miedo a que lo puedan descubrir los adultos.
En los varones los miedos son: penetrar, a la sangre, a dañar, al himen, a no tener erección, a fracasar, a no saber qué hacer, al ridículo, a eyacular antes de penetrar, a no conseguir un lugar adecuado.
Las fantasías sobre el acto sexual en las mujeres suelen ser muy negativas y desctructoras e irreales. Varios estudios indican que, para la mayoría de las mujeres la primera experiencia sexual fue negativa. Más allá de los miedos mencionados, parecen ser varias las influencias que ayudan a que esto pase: sentirse presionadas antes de estar física y emocionalmente preparadas, el miedo no sólo al embarazo sino también a las ETS, las expectativas poco realistas, la falta de suficiente excitación, la incomodidad física y la tensión nerviosa.
Algunas de las recomendaciones para evitar estas dificultades, no sólo para trabajar con chicas, sino también para trabajarlo con los varones son:
• Seguir el propio ritmo: no dejarse impulsar al coito antes de estar dispuesto. La virginidad no es algo que deba avergonzar. Es frecuente que en esta etapa de vulnerabilidad, se llegue al coito por presión de la pareja o los amigos, o bien como resultado de las propias expectativas irrealistas.
• Seleccionar la pareja: tener una pareja digna de confianza con la que compartir la primera vez. Las personas que han tenido parejas suaves, consideradas y amorosas fueron las que más positivamente consideraron la experiencia. Aquellas que sintieron que la pareja era ruda o desconsiderada tenían recuerdos negativos aún cuando fueran parejas estables y comprometidas.
• Utiizar anticonceptivo: no confiarse de que la pareja se hará cargo de la anticoncepción. Aún cuando se sepa que el otro se está cuidando, asegurarse de que esté utilizando correctamente el método.
• Existe el mito de que una mujer no puede quedar embarazada la primera vez que mantiene relaciones sexogenitales. Es necesario remarcar, por lo peligroso de sus consecuencias, que esto es falso. Hay tantas posibilidades de embarazo en la primera vez como en cualquier otra oportunidad.
• Prevenir ITS: es necesario destacar que no todos los métodos anticonceptivos previenen de ETS, por eso en la educación para adolescente se debe aconsejar la doble anticoncepción y siempre el uso del preservativo.
• Suficiente juego previo: proceder lentamente y con suavidad, posibilitando suficiente juego previo para que la joven logre suficiente excitación. La posibilidad de disfrutar de muchas caricias y contactos íntimos antes del coito, posibilitan que la vagina se lubrique adecuadamente y el pene se deslice con mayor facilidad.
• Desmitificar la primera vez: la primera vez no es tan perfecta y romántica como en las películas o las novelas. Es inevitable durante la primera experiencia cierta torpeza y nerviosismo. Poder conversar esto con la pareja y animarse a reírse reducirá la presión. Si el compañero/a es más experimentado podrá servir de guía y contención. Como en cualquier experiencia nueva, la tensión y la incomodidad se convertirán en desenvoltura y placer con la experiencia.
• Fomentar la comunicación en la pareja: la comunicación es la única forma en que cada miembro de la pareja puede conocer qué le gusta al otro y que no. Para lograr una relación a largo plazo es fundamental una fluida comunicación con la pareja.
• Ante la duda abstenerse: frente a cualquier duda o conflicto el consejo es abstenerse hasta estar seguros de que será una experiencia gratificante física y emocionalmente.
¿Cómo hablar de sexualidad con los adolescentes?
Es necesario considerar que tanto la familia, la escuela como la sociedad han estado dándole información a los/as adolescentes sobre sexualidad desde el día en que nacieron. El nombre que le pusieron, si los vistieron de rosa o de azul, los juguetes que se les ofrece a niñas y varones, todo habla de las expectativas que la sociedad tiene sobre lo que se espera de ellos/ellas como hombres o mujeres.
Sin embargo, los adultos en especial los padres esperan con inquietud la pregunta de los niños y adolescentes sobre temas de sexualidad. Pero si la pregunta no llega, sienten alivio de no tener que hablar explícitamente de estos temas. Cuando muchos adolescentes esperan que sean los adultos quienes inicien la conversación. La pubertad y los cambios propios de la adolescencia son inevitables, y los adultos pueden pensar por adelantado como presentaran el tema a aquellos que se animen a preguntar, como a aquellos que no.

[b]CONCLUSIONES
Una aproximación y propuesta metodológica[/b]
Como se ha visto, la adolescencia es un período importantísimo para la vida y tal vez sea el período en que se logran integrar más cosas. El adolescente y el joven desea conocer, probar (probarse) y tener todo al mismo tiempo. Tiene urgencia de abarcar un mundo y proyectarse en él. Por eso, en las sociedades industrializadas, este proceso sufrió algunos cambios; los niños y niñas se convierten en adolescentes más temprano y por el contrario, la adolescencia se prolonga.
Al mismo tiempo se enamora, estudia, practica deportes, participa de grupos sociales, compone música. Pasa con gran velocidad de una actividad a otra, de una pasión a otra. Vive muchas cosas al mismo tiempo y a gran velocidad.
Frente a esa realidad nosotros los adultos, les proponemos que reflexionen sobre un futuro lejano y sobre un solo tema: la vida de familia, el hijo y la sexualidad. No estamos en la “onda” que ellos pueden (o quieren) sintonizar.
Según lo expuesto y siguiendo a Aller Atucha L.M. y R. Schiavo, M. (1994), creemos que una posible solución podría ser la de presentar propuestas dinámicas e integrales, donde el aspecto de sexualidad sea uno más a tratar y que éstos sean desde un enfoque de “ganancia”.
Un enfoque de ganancia es aquél que le permite al joven gozar y sentir más satisfacción con lo que habitualmente hace, si cumple con el sacrificio de prepararse o estudiar para poder mejorar su rutina.
Si a los jóvenes les presentáramos programas de sexualidad vinculados a una ganancia posterior: mejor y más placenteros coitos sin problemas o complicaciones, nos aventuramos a creer que tendríamos audiencia. Debemos insistir con dos variables metodológicas: programas integrados con otros intereses y preocupaciones de los jóvenes, en lugar de programas verticales, aislados y sin marco de referencia; y enfoque de ganancia, en lugar de enfoque preventivo.

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