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Derechos Sexuales Y Reproductivos

Situación y necesidaddes de mi entorno

Por VIVIANA S. RUIZ
Cura Brochero – Córdoba
Egresada del Curso de Formación en
Sexualidad Humana de AASES

En este mundo, todo corre peligro de desmoronarse. Día a día nos vemos obligados a repasar valores que, acertados o no, otrora nos sirvieron de cauce, ahora somos como un arroyo desbordado, en una sociedad bombardeada por la información, en la que naturaliza o basurea, es difícil fijar parámetros de bueno y malo.
Lo único cierto es que no se puede disfrutar de las beneficios del presente reteniendo las garantías del pasado. Pero en este reparto, las mujeres estamos pagando un precio acaso más alto que los varones. O el alto costo de la confusión.
Ser madre hoy, ¿es lo mismo que hace 20 años? evidentemente, no. Incluso es probable que el contexto actual se parezca mas al de los comienzos de nuestra era que al pasado cercano. No es casual que la palabra desmadre signifique pasarse de los límites. Es lo que uno percibe cuando prende la tele, o abre los ojos y oídos a lo que ocurre a su alrededor.
Antes, una mujer difícilmente descuidaba a sus hijos o hacía padecer a los de otra mujer. El desamor en la sociedad duele, a nadie le importa lo que sufre el otro.
Los sociólogos, como Sergio Sinay en su libro “La Sociedad de los Hijos Huérfanos”; hablan de los “huérfanos con padres vivos”, en alusión a la franja de niños y adolescentes abandonados a su suerte. No se refieren solo a los chicos de la calle, a los hijos supuestamente no queridos de la gente pobre. Están hablando de los chicos de clase media y alta que andan a la deriva por cuestiones de pareja, económicas o laborales, o a causa de una permisividad cuyo principal beneficiario es el adulto que lucra con ello.
Sin embargo, hoy sabemos mejor que nunca que le acto de parir no nos hace madres. Es todo lo que viene después. Ante una realidad que ya no se tapa con frases, también debemos reconocer que necesitamos de paliativos para saber elegir en que dirección y como queremos encausar nuestras vidas; y como mujeres mas ya que muchos en este proceso evolutivo con falta de recursos para poder decodificar necesidades en el proceso de crecimiento y potenciar la maduración y autonomía, expresando estas dificultades que son causa de agobio, peso , disgusto, insatisfacciones personales, freno en el desarrollo de cada uno, buscando nuevas dependencias en afectos, relaciones actividades, etc.; es en donde muy habitualmente se cambia la “M” de mujer por la “M” de madre, sin haber podido razonar lo que esto significa.
En mi zona es muy común ver a familias muy numerosas y con un apoyo continuo entre ellos. El motivo, la ausencia y desprotección por parte de las autoridades, por su condición, mal llamada condición ya que es un efecto de lo que el capitalismo nos deja; que no se preocupan por dar la educación o información de los instrumentos con los que pueden contar y acceder para contrarrestar la incidencia de inequidad entre los que pueden hacer valer sus derechos, dejando que sean cada vez mas, en esta carrera hacia la degradación permanente de sus vidas sin encontrar una salida a esta situación, y bajo la influencia de conductas masificadas en relación a la sexualidad, al vivir ‘un presente cierto que un futuro incierto`, se producen embarazos no deseados, con las consecuencia conocida por toda la sociedad; abortos con riesgos y peligros, los cuales terminan en la muerte, o abandono e indolencia de niños y maltrato.
En la realidad reinante analizamos graves distorsiones en el proceso de crecimiento, encontramos padres desconcertados, sin modelos de autoridad contenedores, adolescentes sin referencias para la construcción de su proyecto vital, procesos de autonomías sin salida; la escapatoria….el alcohol, el tabaco, la violencia y las drogas o simplemente la de estar torpemente vivo.
Este entorno lleva a muchas mujeres a tratar de elevar su autoestima y caen en uniones con personas que las someten sexualmente, o el hecho de no poder decidir en cuanto querer disfrutar de una sexualidad placentera o una fecundación regulada; como así también hay otras mujeres que procrean solo para sentir la pertenencia de algo que en este caso es un alguien.
Al leer el escrito del Lic. Aller Atucha: Sexualidad y Medios de Comunicación; Una Forma de Educar “DE UPA A PLAY BOY”, en donde apunta que……. Los conocimientos que se adquieren a través de sistemas no-formales e informales de enseñanza-aprendizaje superan con creces a aquellos que se adquieren a través del sistema formal…..en relación a la intervención de los medios de comunicación en el modo de vida actual, y no puedo dejar de hacer alguna referencia a la presencia de indicadores de la cultura posmoderna en el imaginario social, que invaden directamente en la articulación de la subjetividad de las personas.
Se plantea la relatividad de todas las verdades científicas, detrás de una trivializaciòn, en donde todo vale, impidiendo la posibilidad de analizar, construir, transformar la realidad, dejando una ausencia de referencias como parámetro en esta red social.
En este contexto se plantea una ruptura de la temporalidad “el ya fue” de la experiencia recién vivida, en un recorte enloquecedor y tranquilizante a la vez, que lleva a una secuencia yuxtapuesta de “ya fue” sin posibilidad de articulación de pasado, presente y futuro.
Es importante trabajar seriamente en le estudio de estas y otras cuestiones sociales que afectan directamente el propio desarrollo de crecimiento y no preocuparnos-ocuparnos solo de sus efectos.
Por otra parte, la búsqueda de su lugar como sujeto recibe desde el imaginario social ciertas corrientes de sentido; como lo describen las sociólogas Maria c. Rojas y Susana Sternbach:

“….se perfila un sujeto indiferente, con una modalidad leve y apática, desprovista de pasiones intensas, habitante de un universo “cool”, en el que se desliza una existencia que ‘no comporta ni tragedia ni apocalipsis`. Promueve, por el contrario, un talante poco crispado, carente de dramaticidad. Cuando estos se extrema y patologiza, supone el vacío de existir. Vacío que se enlaza, como dijimos, con cierta pérdida de sentido: el llamado ‘sentido de la vida` se desustancializa a la para que la continuidad histórica se diluye en un presente eterno y fugaz. Al diluirse el sentido prospectivo de la existencia personal, se instala un ‘cortoplacismo` de proyectos, generalmente ligados al consumo de objetos.”

Pero para poder entender que algo se puede hacer es necesario conocer los mecanismos con que disponemos para poder paliar esta desprotección, por la falta de previsión en cuanto a derechos de nuestra sexualidad y reproductivos. Ya que estos forman parte de los derechos humanos universales y son aquellos que defienden nuestra forma de expresar libremente nuestra sexualidad con placer y afectividad si así lo deseamos, entablando relaciones sin violencia, de respeto mutuo y equidad entre hombres y mujeres, libre de discriminación y riesgos.
Los derechos sexuales se centran en las diferentes formas de vivir la sexualidad y de expresarla. Decidiendo sobre nuestro ser; garantizando nuestro bienestar físico y psicológico en sentido a nuestro sistema reproductivo.
La función principal de los derechos reproductivos es brindar información adecuada y completa y que gocemos de la libertad para decidir el número de hijos y el espaciamiento entre ellos que deseemos tener.
Otro elemento esencial de una respuesta global es facilitar y crear un entorno ético y jurídico propicio que proteja los derechos humanos. Esto requiere medidas para garantizar que los gobiernos, las comunidades y los individuos respeten los derechos humanos y la dignidad humana y actúen con tolerancia, conmiseración y solidaridad.
Una lección esencial que ha enseñado las estadísticas de la actualidad es que los formuladores de políticas deben guiarse por normas de derechos humanos universalmente reconocidas; así formular la orientación y contenido de la política frente a derechos sexuales y reproductivos, normas que forman parte integrante de todos los aspectos de las respuestas nacionales y locales al problema de violencia intrafamiliar y abandono de personas.
Los principios básicos de derechos humanos que son esenciales para que la respuesta de los Estados al los derechos sexuales y reproductivos sea eficaz, figuran en los instrumentos internacionales vigentes tales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Internacional sobre eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes y la Convención sobre los derechos del niño.
La Convención Americana sobre Derechos Humanos, el Convenio Europeo para la protección de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y la Carta Africana de derechos humanos y de los pueblos, imponen también a los estados obligaciones aplicables a los derechos sexuales y reproductivos. Además, varias convenciones relevantes para el problema de embarazos no deseados.
Estos derechos no deben considerarse aisladamente sino como derechos independientes.

“El principio de universalidad consagra el entendimiento progresivo de que los derechos humanos le corresponden a toda persona en virtud de su propia condición humana, independientemente de los criterios y los patrones culturales que cada comunidad particular desarrolla, o de las diferencias individuales o de grupos que caracterizan al conjunto de las comunidades.
Todos los seres humanos nacen en igualdad de derechos, sea cual sea su condición económica, social, cultural, de género o de cualquier otra índole.
El principio de igualdad de derechos se refleja en los derechos a la igualdad ante la ley, a igual protección de la ley y a la igualdad de oportunidades.”

El principio de independencia de los derechos humanos significa que todos los derechos de la persona tienen igual jerarquía, por ello; la promoción o respeto de ciertos derechos no justifica de ningún modo el menoscabo o negación de otros derechos.
Los derechos humanos son así mismo de naturaleza progresiva, como lo muestra la tendencia a ampliar su ámbito de protección y las garantías desde las primeras declaraciones hasta los comienzos del siglo XXI. El Estado, en conjunto con la sociedad, está obligado a realizar permanentes esfuerzos para favorecer el disfrute pleno de los derechos de todas las personas. Este principio se pone de manifiesto en el contexto de derechos reproductivos y de una sexualidad placentera, cuando vemos que las primeras reacciones fueron de oposición en sociedades marcadamente machistas .Pero gracias a que el tema se ha incorporado vigorosamente en la agenda de derechos humanaos, es que ha podido ser considerado, y han pasado a formar parte esencial de la lucha contra la injusticia de género.
El Estado entonces debe adoptar medidas tanto legislativas como políticas para proteger a las poblaciones vulnerables, reducir las desigualdades y erradicar las prácticas improcedentes. Y tiene la obligación de:

 RESPETAR
 PROTEGER
 GARANTIZAR
 SATISFACER NECESIDADES Y PROMOVER

Los derechos reproductivos que se basan en los principios de libertad, privacidad, dignidad, equidad, integridad corporal y autonomía. Para poder así asegurar una sexualidad saludable, se necesita conocerlos y ejercerlos.
Pero para poder ejercerlos plenamente, es necesario ser congruente con las responsabilidades que se desprenden de la toma de decisiones; por esto, se reconoce que un buen ejercicio de estos derechos tiene como beneficios:

 el poder decidir de una manera informada sobre nuestra salud sexual y reproductiva.

 fomentar la equidad, la libertad de expresión y al mismo tiempo promover la toma de decisiones libres y responsables.

 ayudar a que ninguna persona sea violentada en su sexualidad

Estos derechos incluyen el derecho de la población a disfrutar de la salud sexual y reproductiva, así como el derecho a su libre decisión y a la eliminación de cualquier forma de discriminación, coerción o violencia.

Las mujeres y hombres jóvenes requieren de una educación sexual objetiva e integral, que responda a sus necesidades y problemáticas y facilite el derecho a disfrutar de una vida sexual satisfactoria y segura sin interferir con los derechos de otras personas, que incluye entre otros, el derecho a recibir:

 información sobre la prevención de embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, etc.
 información sobre la amplia gama de métodos anticonceptivos adecuados para cada necesidad y su uso correcto; asegurando el consentimiento libre e informado.
 servicios por parte de personas sensibles, respetuosas y con capacidad para la solución a los problemas que se les presenten.
 servicios de salud que proporcionen información, orientación y atención de manera oportuna y confidencial.
 en caso necesario; apoyo, orientación y tratamientos integrales en casos de infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados, abuso sexual y violencia intrafamiliar

El informe publicado por el Foro de Población de la ONU anota que una de cada tres mujeres en el mundo sufre malos tratos o abusos sexuales.
Según Manos Unidas, un millón de niños y adolescentes entran cada año en el negocio de la prostitución.
Datos que la Sociología lleva un tiempo alertando: en el cuadro de mandos de la sociedad occidental se han encendido las luces rojas de alarma en la materia de delitos sexuales
En una edición del diario el mundo de España sobre el tema de la libertad sexual de junio del 2006 enuncia;….Trasladar estadísticas sin indagar en las causas sería hacer una especie de sociologismo fotográfico que todo lo plasma, pero nada analiza. Hagamos un esfuerzo de análisis sobre ellas. Lo primero que parece advertirse es que se está produciendo aquello que Octavio Paz denominaba «uno de los tiros por la culata de la modernidad». Según el poeta mexicano: «Se suponía que la libertad sexual acabaría por suprimir tanto el comercio de los cuerpos como el de las imágenes eróticas. La verdad es que ha ocurrido exactamente lo contrario. La sociedad capitalista democrática ha aplicado las leyes impersonales del mercado y la técnica de la producción en masa a la vida erótica. Así la ha degradado, aunque el negocio ha sido inmenso».
Esa deformación inicial (los niños tienden a imitar y desear lo que desean los adultos) se traspasa a los años de la juventud e incluso de madurez, creando el caldo de cultivo necesario para la violencia sexual. Al menos, esta es la opinión que comienza a abrirse paso en la Psicología y en la Sociología. Lo cual es compatible con que, en un amplio reportaje sobre la revolución sexual en EEUU, la revista Time acabe de dictaminar su declive. Efectivamente, la llamarada de los 60 acabaría apagándose con desencanto en los 90. Muchas personas comienzan a descubrir los tradicionales valores de la fidelidad, el compromiso mutuo y el matrimonio. En las encuestas entre estudiantes crece el número de los que exigen que haya amor y una relación estable para justificar las relaciones sexuales.
Según datos fiables, los niños ven unos 10 casos de violencia física, tres de ellos con resultado de muerte; una serie notable de efusiones sentimentales y eróticas fuera de matrimonio; y uniones carnales descritas con bastante minuciosidad.
La industria cinematográfica difunde unos mensajes opuestos a valores que el público medio aprecia: fidelidad, lealtad, pudor, etcétera.
Un ejemplo más de que el conocimiento del mundo a través de imágenes deformadas incapacita al sujeto para formas superiores de pensamiento y atrofia nuestra capacidad.
Esta tormenta de imágenes hace que hoy se reflexione poco sobre el sexo. Se imagina, se sueña o se suspira con él. El sexo nos estimula o nos deprime. Pero esta tumultuosa actividad no es pensar. Como se ha dicho, «pensar en el sexo significa esforzarse en ver el sexo en su más íntima realidad y en la función a que está destinado». Desde luego es más divertido usar el sexo que pensar sobre él. Pero de vez en cuando conviene hacerlo. La historia del mundo humano ha sido la historia del dominio de la razón sobre los impulsos, sin excluir el sexo. Un descontrol masivo del mismo no parece estar dando resultados positivos. Otra causa es la ingenua confianza en las medidas legales para erradicar el problema. El Derecho es un modesto instrumento de paz social. Pero echar sobre sus espaldas la ingente tarea de variar los comportamientos sociales una vez alterados, es olvidar que el Derecho tiene un influjo mayor mediante lo que podríamos denominar su actividad negativa. Esto es, puede contribuir a no erosionar el ecosistema familiar y social con más eficacia que a restaurarlo, una vez modificado por perturbaciones sociales. Desde luego, son necesarias las reacciones legales destinadas a reprimir los delitos contra la libertad sexual, proteger los derechos a la disposición del propio cuerpo, tutelar el consentimiento viciado en casos de abusos sexuales a menores o el derecho colectivo de exigir unas pautas morales de conducta en los delitos de exhibicionismo, prostitución, pornografía etcétera.
La revolución sexual ha sido absorbida en buena parte por la cultura, y aunque, por eso mismo, ha dejado de ser algo nuevo y atrayente, lo cierto es que ha dejado una huella profunda que ha llevado de la exaltación del sexo a su trivialización y, de ahí, al desencanto.
Puede provisionalmente concluirse: que las pautas de comportamiento sexual difundidas por parte de los medios, contienen una buena dosis de irresponsabilidad. De modo que se produce un curioso efecto: los mismos medios que braman contra la violencia sexual probablemente son cómplices indirectos de ella, al contribuir con sus mensajes a crear el caldo de cultivo propicio. La propaganda mediática de la violencia y el sexo «surge de las pantallas, que hacen como si la contasen y la difundiesen pero, en realidad, la preceden y la solicitan»

Existe todavía una hipertrofia de la afectividad en la que el fluir de los impulsos se convierte en la estrella polar que guía el comportamiento humano. Esta mezcla de inmadurez afectiva e hipersentimentalismo provoca un desequilibrio anímico que desemboca en la tendencia a entablar relaciones interpersonales basadas tan sólo en el egoísmo. Quizá por ello todavía la necesidad de sexo duro, y en dosis cada vez más altas, se ha convertido -en determinados sectores que aún viven la resaca de ese fenómeno- en una dependencia. Es muy sintomático que comiencen a proliferar, discretamente, tratamientos médicos de deshabituación sexual. ¿Cuál es el capital social del que disponemos para atajar estas causas de violencia sexual?
Desde instancias diversas se sugiere un esfuerzo combinado de reconstrucción social en el que intervengan todas las fuerzas sociales: Estado, sociedad civil, religión y poder mediático. Tal vez debamos comenzar por la escuela y la familia en un esfuerzo de verdadera socialización de los valores.

VIVIANA S. RUIZ
AÑO 2008.-

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